Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Sillón C.

La historia de mi vida no es otra sino esa que tú conoces mejor que yo. La componen esos dos sueños de los que ya nunca hablo y esas esperanzas que se transforman en recuerdos. Es el cuento que cada noche te relato antes de dormir, ese al que le añado fantasías y realidades que te invito a tratar de separar. La historia de mi vida es esta en la que apareces tú, y él y cientos de personas que se saludan por mis pensamientos de forma desordenada y extravagante. Es otra narración más que solo desearía escuchar un enamorado de mis palabras y de esos hace mucho que no quedan. Sin embargo, la historia de mi vida sigue aquí, luchando contra mis razones para ser escrita. Argumenta que necesita crecer, salir, liberarse y continuarse. Es cierto, las vidas no cesan pese a que lo hagan las palabras, mi alma no mina su tensión vital del mismo modo que mis líneas reducen su interés. La historia de mi vida está descompensada, pero sigue siendo mía y llora ante dos sueños que tú, querido amigo, me has recordado. Te debo un favor, otro más, la historia de mi vida si alguna vez es historia en papel, se acordará de ti. Hoy no tengo más que una letra C en potencia, recuerdos de ilusiones y ganas de colorearlo todo con palabras.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Sin contradicción no vivo.

   Helena hubiera gritado con fuerza si en aquel momento el hombre sin nombre no hubiera estado mirándola con la serenidad que tanto le caracterizada. Si aquel hombre hubiera tenido un poco más de valentía en su mirada, le hubiera agarrado del pelo temblando de ira y le hubiera escupido palabras lúcidas y dañinas hasta quedarse sin aire, todas seguidas, sin pararse a respirar entre ellas. Sin embargo, forzó una sonrisa y se marchó cerrando la puerta con cuidado sin articular una sola sílaba. Bajó las estrechas escaleras del edificio viejo en el que habían vivido juntos pensando en todos los gemidos de dolor que reprimía a lo largo del día y la forma tan hipócrita en la que los expulsaba cuando pasaba la noche acompañada. 

   Al salir a la calle se le pasó por la mente la idea de que por primera vez en su vida entendía a Pollock y necesitaba arrojar pintura a un lienzo sin arte ni talento, como cualquier homínido lo haría, por el puro placer de liberar su alma salvaje mientras alternaba en su equipo rock y música barroca. Necesitó en ese instante, que podría ser cualquiera, de cualquier época del año, reflejar en un cuadro que era posible experimentar en una misma emoción el sentirse mediocre y terriblemente especial. Helena deseaba llorarle a un desconocido su falta de talento y reír con otro contándole sus ideas en potencia. Quería expandirse y saber más de filosofía y saber más de química y menos de odios y amores. No obstante, anhelaba dirigirse al presidente del mundo -fuera quién fuera- para tratar de argumentarle por qué sería más feliz si dejase de dirigir al planeta y dirigiera a una persona que también lo dirigiera a él. 
Por las venas de Helena corría la contradicción más salvaje, esa que atormentó a Max Estrella y Augusto Pérez, a Don Quijote y a Emma Bovaly, a Hamlet y a Segismundo; esa que de una manera u otra conducía a preguntas a las que tal vez hubiera sido mejor no llegar nunca. Preguntas que recorrían el alma como tenas que comen las entrañas de sus víctimas sin avisar. 

   Le pesaba el cuerpo como si de súbito se hubiera vuelto anciana y las elucubraciones bullían incansables en su espíritu. Helena no era Helena, era una duda superlativa dentro de un mar de historias que paseaban por Callao, sumergida y hundida entre seres aparentemente similares a ella y sin embargo reflejados como antítesis exageradas aquel día. En los últimos pasos antes de arrojarse a la deshumanizada autopista de Gran Vía, Helena odió al hombre sin nombre con toda su alma y también lo amó como no lo había hecho nunca, quiso morir en sus brazos y culparlo de su desdicha en un último beso. Helena odió al mundo, odió las grandes ciudades y las personas cerradas, odió los coches todo-terreno y a las modelos anoréxicas que anunciaban un ideal de belleza tétrica. En el suspiro final, cuando la rodeaban cuerpos multicolores y luces grises, cuando un conductor pálido y tembloroso trataba de tomarle el pulso; Helena amó, amó al universo, a las casas de piedra y a los áticos de las metrópolis, amó las sonrisas desconocidas que jamás se vuelven a ver y amó Las tres gracias de Rubens y el Canto al Amor de Benlliure. Helena se arrepintió de su atrevimiento y amó la vida. Disfrutó de aquella última visión de belleza con más humanidad de la que nunca había experimentado antes. Tanta que no lo aguantó, tanta que murió sonriendo.


sábado, 15 de diciembre de 2012

Mi poca lucidez era toda tuya, y ahora podría escribirte todo aquello que aún me queda por contar, pero la sociedad no me deja, pero no me dejas, pero no me dejo.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Los domingos te solías jurar que cambiarías de vida.

Empezaría a fumar a eso de los trece años, solo, sin compañía y quién sabe si por curiosidad o por precoz deseo de un vicio adulto. Hablaba lo justo y con eso muchas veces significaba más que todo lo que decían otros más parlanchines. Su sonrisa era tan sarcástica que aquellos que la mirábamos teníamos tendencia a avergonzarnos, a reírnos o a perdernos pensando qué quería decir. Las ideas que defendían eran abiertamente progresistas, sin embargo, nunca lo vi mover un dedo para luchar por ellas. Tenía algo de ese Baroja desencantado, un poco del Cela más irónico y si se me permite decirlo, tenía tanto de ese tal Joaquín Sabina que si hubieran coincidido en generación y espacio tal vez hubieran compuesto una canción juntos.  Descubrí observándolo que no es necesario tocar la guitarra para ser un rockero ni tener un cuerpo de escándalo para enamorar a cualquier dama. Intuyo que tuvo a varias tras él, pese a que jamás tuve oportunidad de comprobarlo, pues aunque su espíritu era libre y criticaba alto al amor, huía de hacer alarde de sus pasiones innobles, secretas, efímeras. Era de esas personas que cuando se enamoran se enfadan tanto que no vuelven a ver a su amada. Le gustaba la poesía marginal y la novela tremendista. Odiaba a los toros y a las niñas pijas, odiaba las leyes, las normas y la rutina. A menudo solía sentirme orgullosa de que me considerase su amiga y creo que no fui la única: su desaliñada compañía y su discurso lúcido unido inseparablemente a bocanadas de humo fueron un regalo cuando quise huir del mundo. "Los consejos están bien, pero nadie les hace caso", comentaba, "Es tu vida, vívela como tu quieras". Me invitaba siempre a cigarros cuando charlábamos sobre lo absurdo de la perfección y solíamos bromear sobre la pareja tan peculiar que haríamos. Lo cierto es que ahora que visito sus bares lo echo de menos, ahora que escucho la Fuga, que no tengo normas para nada, ahora me apetece saludarlo e invitarle a un litro, o a dos, pedirle a cambio un cigarrillo y contarle pamplinas para que me solucione mis dudas diciendo "tú decides" mientras hace un gesto enigmáticamente triste.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Galarina.

   El nombre de Gala lleva desde mediados del siglo XX, una connotación maravillosa en su significado que es la de musa. Para mí no sólo es la de inspiradora a poetas y pintores, sino también la de enamorada. La mujer anduvo primero casada con cierto poeta simbolista, y en realidad, no es ese el romance que a mí me impresiona. Gala fue el amor de Salvador, de Salvador Dalí. Se quisieron con un amor tan excéntrico que en cierta entrevista a la vejez el artista proclamaba que en el momento en el que la gente comenzaba a descubrir el divorcio, él quería volver a casarse con su esposa Gala. Ella "lo había salvado de la locura y de la muerte temprana". Gala, con sus once años de ventaja, cuidó a Salvador no sólo como una esposa cuida a su marido, sino también como una madre cuida a su hijo adolescente o a su niño en el jardín de infancia. Dalí, con sus peculiaridades y su estrafalaria visión del mundo siempre fue más infante que la mayoría de los adultos que lo rodearon. Me imagino a la mujer, mirándolo con ternura, sintiéndose agradecida por haber decidido en su momento abandonar un matrimonio con descendencia a cambio de amar una locura tan dulce y horrible como la del pintor. Cuentan también que fue la única mujer con la que Salvador hizo el amor, pero no estoy segura de dónde empieza el mito en esta historia. Sin embargo, únicamente imaginarlo ya hace que quiera llorar de emoción. Pensar en que él levantó la piel del mar Mediterráneo para enseñarle el nacimiento de Venus, o que se imaginó que ambos compartían las mismas nubes en la cabeza, me traslada a la sospecha de un amor que no puede más que encontrarse, si hay suerte, una vez en la vida, una en la eternidad. Dalí elevó a Gala a la categoría de Leda, y la retrató en tantas situaciones y tan sugerente siempre, que aunque la mujer no fuera la más bella, si fue la más atractiva. Gala supo muy bien cuidar de Salvador, aguantarle en sus crisis, en sus comportamientos más cuestionables, supo verlo llorar, frustrarse y tocar lo más alto. Gala entendió que no hay límites mayores que los impuestos por uno mismo para el amor. 

   Yo pienso que cada uno tenemos un Dalí (o una Gala) por ahí, esperando ser cuidado y completado, deseando saludarnos y cogernos de la mano. Alguien que acabe nuestras palabras y refleje con las suyas nuestros pensamientos; alma gemela, lo llaman algunos. Nunca dejen escapar a su Dalí o posiblemente se arrepientan, tengan paciencia y piensen que los genios son como niños y que lo más bonito es siempre difícil de entender. Cuídenlo, aménlo, hagánle el amor con mucha fuerza y espérenlo hasta el fin de sus días.


domingo, 18 de noviembre de 2012

Por verte sonreír.

<< Eras la dulce niña que nunca hablaba de hacer el amor, que se ruborizaba al besarme. Me acuerdo de que después de dejarme sin respiración fruncías el ceño como si ni siquiera me hubieses rozado los labios. Tú, que siempre decías que el amor es un secreto entre los enamorados y que la pasión se esfuma, pero que el cariño permanece. ¿Qué te ha pasado Lucía? ¿Por qué ahora me abrazas como nunca más fuésemos a encontrarnos? ¿Por qué ya nunca dices "te amo" y me miras como si no pudieses esperar para investigar por mi cuerpo por segunda vez? ¿Has crecido Lucía? Te miro para encontrarme con tus manos siempre amables y no me dejas tiempo para la contemplación, me agarras y enredas mi pelo con tus dedos afilados aunque todavía dulces. Lucía, déjame decirte una vez más que te quiero, empiezo a notar que voy a perderte. No me abandones antes del mediodía, ríe sin sarcasmo, quiéreme, pero quiéreme como antes, como cuando no había otro lugar en el mundo mejor que el campo al anochecer bajo la noche estrellada. Lucía, di que me echarás de menos, que sigues persiguiendo la eternidad como única meta en la vida...>>
<<Julien, ¿cómo no sonreír ante tus súplicas de amor? Soy la misma, la pizpireta Lucía a la que le daba pánico enamorarse y se refugiaba en ti ante cualquier contratiempo de la casualidad. ¿Sabes qué ha cambiado? Que ya no importa reconocerle al mundo que te quiero, no necesito hacerme la digna, quiero hacerte el amor sin tener que disimular, sin que seas tú el único causante de los suspiros sobre la almohada... o sobre la hierba. He decidido devolverle a mi alma la felicidad que se le escapa cada noche cuando no estás. Después de tantas madrugadas escuchando cómo duele la distancia y las risas alejadas, anhelo quererte rápido, fugaz, como si fueras a irte mañana y no volvieses jamás, como si otras fueran a robarte y otros a robarme a mí. Sin embargo, ¿quieres que te diga que en los días más solitarios sueño con una eternidad construida entre los dos? Lo hago. ¿Quieres escuchar "te quiero"? Te quiero.>>


jueves, 15 de noviembre de 2012

La delgada linea roja.

Lo que yo podría haber dado por amor, pero ya era tarde, mi corazón había muerto lentamente. Mi alma fue desprendiéndose de mi cuerpo con cada grito. Nuestras sonrisas nunca eran compartidas ya, se nos escapaba el amor y no sabíamos que hacer para remediarlo. Si al menos sólo se nos escapara el amor hacia el otro... pero sospeché que el enamoramiento como tal, murió con la parte de mi inconsciente que besaba al tuyo. Tal vez quien nunca se enamoró no lo supiese, pero el alma no aguantaría más de un par de veces enamorada y luego abandonada, acabaría sucia y sin vida, sin esperanzas que regalar ni partes hermosas que enseñar. ¡Lo que yo podría haber dado...! Incluso vida, y no hay nada más bonito que eso. Pero ya era tarde. Pero ya es tarde.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Días beige.

El cielo hubiera estado más azul aquella mañana si hubiera habido alguien con quien salir a dibujarlo. El baile de las hojas en otoño anunciaba una jornada de gorros y bufandas, de cafés negros y sonrisas derretidas bajo el suave sol de noviembre. Las heroínas de nuestro tiempo estaban en sus hogares mirando la vida a través de cristales, veían pasar pies por la calzada, rostros con la nariz roja por el frío y al tiempo. Se sorprendían por el sigilo con el que este pasa. Cerrando los ojos, pensando en el ayer, se asombraban también por los diferentes giros que éste decide dar a la vida. Algunas habían soñado con ser científicas y estudiaban ahora a Shakespeare por errores de algún despistado. Otras aprendían de la sociedad con la ínfima esperanza de cambiar el mundo, o si no al menos, de entenderlo mejor. Las había que se refugiaban en el cuerpo perdido de un amor y estábamos también las que nos sentíamos a la vez vacías y muy completas, libres e irremediablemente atadas. Éramos las fantasiosas, las que nos debatíamos entre llorar o reír. Nuestras esperanzas nos rodeaban sutiles como pompas de jabón. Eran bellas, se encontraban a punto de romperse. Nosotras no nos imaginábamos revolviendo la historia, ni dejando huella; viajábamos a paraísos en los que nunca habíamos estado sin salir de nuestras habitaciones y ansiabamos que un valiente caballero se jugara el tipo por nosotras. Fuimos las eternas enamoradas, las eternas crías, las mujeres mitad princesa, mitad Emma Bovary (aunque, ¿no era ella también una princesa de espíritu?). Salíamos al balcón a esperar las aventuras, escribíamos palabras para suplir los besos que no dábamos, amábamos para aguantar mejor todas las realidades grises que nos hacían decaer.

I wanna lay you down in a bed of roses.


La frente, las pestañas, la naricilla, los pómulos, las orejas rojitas, la sonrisa abierta, los labios, el ápice de la lengua,  la inocencia.

La barbilla, el bocado de Adán, el cuello, la clavícula, los hombros firmes, el cariño.

El pecho, los brazos extendidos, los antebrazos, la palma de las manos semicerradas, las uñas, la confianza.

La barriga tersa, el ombligo, la pelvis joven, los muslos, el vello, el sexo palpitante, la pasión.

Las rodillas temblorosas, los gemelos, las pantorrillas, los tobillos fríos, el empeine del pie derecho, los dedos uno a uno, el amor.

Tú.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Pequeño, peludo y suave.

Los días tristes nunca lo son del todo si no dejamos que lo sean. Se tornan grises, grises como el acero. Como el acero de Platero, el que describía Juan Ramón como Acero y plata de luna, al mismo tiempo. Plata de luna es lo que le pido a mi soledad, que ilumine el alma para transformarla en gris perla, que acabe con la niebla y las nubes del invierno. Plata de luna contra los desengaños y para los éxitos. Se habla mucho del valor del oro, brillante, soleado, poderoso, típicamente ganador. Hoy pido que no olvidemos esta plata grisácea y tímida de la luna que precisamente por tener un resplandor más apagado y tímido resulta más especial cuando nos alumbra.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Pigmalión y Galatea.

 Desprenderse de las ilusiones no era algo tan sencillo como pensó unos meses atrás. Había oído decir que resignarse es lo fácil, que aceptar los hechos según se suceden era lo sencillo y lo cómodo. ¡Menuda estupidez!  Resignarse es difícil, pues nadie con un mínimo de su humanidad intacta querría perder esa parte que nos hace sentir vivos llamada esperanza. La esperanza y el amor eran lo único que le aseguraban que aun era posible creer en el ser humano, a pesar de toda su ciencia robotizada, sus guerras cobardes y su competitividad mal aprendida a lo largo de la historia. Pensaba esto mientras sus ojos se debatían entre el sueño y la lucidez, venció la lucidez y se incorporó. Durmiendo no se ha conquistado o descubierto nunca nada, durmiendo, salvo si uno es surrealista y como tal plasmas sus sueños, nunca se ha creado una obra de arte. Le sonrió con malicia al bloque de yeso que había dejado casi intacto, presa de la frustración, el día anterior. Se había quedado dormido en el salón llorando de rabia ante su falta de inspiración. La inspiración, otro gran mito del mundo de los artistas, se decía, ¿es posible ser un genio poseyendo únicamente inspiración? La gente se equivoca; uno no está tranquilamente sentado en su casa pensando en el ayer  o en el mañana y de repente se hace poeta, o compone una canción de amor y se hace músico, o coge unos pinceles y copia sin errores la Maja desnuda. La constancia y el esfuerzo comparten protagonismo con la inspiración y el talento; pues, aunque duela, el talento es otra cualidad crucial. De un portentoso talento, surgen las grandes inspiraciones, y con ellas, las creaciones más conmovedoras. De la constancia, el empeño para llevarlas a cabo y no abandonar hasta alcanzar la perfección personal. Sacudío la cabeza como si  deseara desprenderse de dichas ideas, demasiados pensamientos antes de desayunar.


viernes, 20 de julio de 2012

Esto es amor, quien lo probó, lo sabe.

''Dar la vida y el alma a un desengaño'' Lope de Vega además de hilarante dramaturgo fue también poeta, y si se me permite decir, quizás tras Quevedo y Salinas, el más romántico, por encima de Becquer, que a veces, me duele decirlo, peca de dramático. De ese soneto, el doce, me quedo con ese verso, que además escojo entre todos los de la poesía en lengua hispana de todos los tiempos. No hago esta afirmación tan solemne sin reparar antes en lo que supone. Me queda mucha vida para descubrir poemas de desamores, esperanzas, cuentos y realidades, y sospecho que probablemente en unos años escogeré otro verso y bailaré con su musicalidad. Hoy confieso que mi vida se ha sucedido entre desengaños y falsas esperanzas, y no por ello estoy triste, me encanta y deseo que continúe siendo así. Quiero enamorarme otra vez y volverme loca de celos y de tristeza para después volar alegre sin moverme de la cama y reír con la mirada y la punta de la nariz.

martes, 17 de julio de 2012

Tarín, tará.

 Me he puesto un vestido miraflorino; los llamo así porque me parece que esta prenda resultaría idónea, si algún día tuviera la oportunidad de viajar al pasado y salir a bailar al escenario de una de esas fiestas en dicho barrio en Lima, quizás en los años 30 o quizás en los 40. Estoy sin compañía en esta tarde de verano como otra cualquiera, me he puesto bonita para el espejo, no necesito que nadie venga a aplaudir mis monerías. Bailo para mí, hago piruetas, salto de un lado a otro moviendo la faldita roja de mi atuendo. ¿Alguien se podría enamorar de mi en esta circunstancia? Mi hombre ideal lo haría, pues estoy despeinada, sonriente, y encantadora, aunque quede pedante o cursi designarse con esa palabra una misma. No puedo dejar de desear que aparezca llamando al timbre con un enorme ramo de rosas rosas, la esperanza entre los labios y la alegría en un puño que solo yo tendría el poder de extender y besar después.
 Vuelvo a pensar que la felicidad no es más que una actitud, una manera de ver la suerte, una corriente más del vitalismo, la cual normalmente dosificamos en minutos u horas, según la ocasión. Quizás haya perdido mi facultad para que las frases bailen entre ellas, pero ¡ay! no pienso en abandonar ahora, justo cuando los años me parecen más ligeros y las risas llegan fáciles. Voy a continuar bailando vestida de rojo y con los ojos brillantes, te invito.

Seré tu horizonte.

La linea que separa los dos azules del mar y el cielo me intriga especialmente. Me pregunto cuál será su color. He cedido y acepto que cuando llegas hasta ella no haya nada más que mar allí, sin embargo, imagino que alguien pudiera andar por el mar, corriera mucho,con el alma inquieta en los pies,y se posara sobre ella para ver un amanecer. El horizonte es lo más cercano que encuentro al Fin del mundo. Se me ocurre que quizás, si un hombre se pusiera de pie sobre la linea que une agua y nubes y mirase hacia la dirección en la que me encuentro, mi figura sería su horizonte. Yo sería su inalcanzable, él sería el mío. ¿Puede una persona ser inalcanzable? No lo creo, podriamos andar ambos hacia el otro y encontrarnos en un punto medio,en un horizonte acortado...

jueves, 5 de julio de 2012

Buenas noches Benjamin.
Buenas noches pichiruchi.
Buenas noches querido.
Buenas noches Princesita pasos sol.

Everybody need someone to adore.

Hace demasiado tiempo que no dejo que las palabras nazcan desordenadas y fugaces. Voy a intentarlo, aunque solo sea para sentirme tranquila conmigo y vencer mi reciente miedo a no ser nunca jamás una escritora. Siempre hablo de mí, si algún día logro ser novelista,sin duda deberé añadir infinitud de hechos biográficos con los que algún lector inquieto se identificará.
Ahora pensaba en lo importante que es tener a alguien que te adore, no que te quiera. Adorar es una acción más pura, más real. Adoramos cuando admiramos las carácterísticas del otro hasta el punto de desearlas, cuando sentimos una fascinación procedente de las imperfecciones más recónditas del otro. Adorar como lo hacían los caballeros del amor cortés sin renunciar a la excitación que supone su cuerpo. Adorar con sentidos y razón. Inconsciente y enamorado, loco, enemigo, sincero, sensato, confundido, apasionado.

sábado, 23 de junio de 2012

A pasado tanto tiempo desde que no te escribo que creo que he olvidado como hacerlo. Yo solia narrarte historias de amor imposible, de odios y pasiones, de otros con nuestro carácter e historia pero con los nombres cambiados. He vuelto a poner esas canciones que solían hacerte aparecer incorpóreo en cualquier lugar en el que me encontrase, sin embargo,ya no me hacen llorar, no son más que notas que se mezclan con letras hermosas. Fue el amor el causante de mi inspiración irracional durante la noche. No sé escribirte porque no te quiero, y lo malo es, que no sé si eso es lo mejor.

martes, 19 de junio de 2012

Tú.

He perdido toda mi valentía, si es que alguna vez, como me dijeron, la tuve. Tengo mucho miedo. No solo a él, que al fin y al cabo ¿quién no lo tendría? Tengo miedo a fallar en la decisión de irme, a defraudarte aún más, a no saber cómo decirte que te quiero sin que pienses que necesito un beso. Quiero abrazarte muy fuerte, como lo hago siempre, llorar en tu hombro, decirte ''niño bueno, voy a echarte más de menos que a nadie''. Pero ya no eres mi pichiruchi, ni quiero ser tu niña mala, porque las niñas malas no saben querer, y yo deseo hacerlo. Te mereces a una pequeña princesita, que no se maquille para ocultar las heridas del orgullo, que no escriba para ocultar los pensamientos inadmisibles de su odio. Te mereces que te llamen ''amor'' y no ''cariño'', que te digan ''te amo'' y no ''te quiero mucho, como a tantos otros''. Me gustaría que te hicieran llorar haciendo el amor, y soy consciente de que yo nunca conseguiré tal proeza, debido a que yo tampoco lloraría. Necesitas a una mujercita calmada, que no hable más de la cuenta, que sonría con timidez, que no llore cuando el mundo le devuelve las malas pasadas que ella le ha jugado a los demás. Si ahora me refugio en otras palabras es quizás porque no damos más de sí. No soy capaz de escribir. Ni de escribirte, estoy frustrada. Se me ha ido la mínima gracia que tuve. Me desespero. Cierro el blog.

domingo, 17 de junio de 2012

Coge hoy mismo las rosas que te ofrece la vida.

Eran cuatro, estaban sentados en un banco de madera de una estación de autobuses que podría ser de cualquier parte de la geografía española. Instintivamente su panorámica me recordó a un caravaggio tenebrista, pensé en los modelos de la calle y en nos enorme claroscuros que caracterizan al autor. Me parecía un óleo con volumen real y medidas gigantescas. A la izquierda había una minúscula vieja vestida de negro y con la mirada perdida y descolocada, sonreía mostrando una boca con huecos de dientes desaparecidos. A penas se movía, llevaba el pelo enmarañado, a trazos gris y a trazos blanco. Me encontraba frente a ella. En aquel momento cualquiera hubiera dicho que lo único que nos unía era la gran antítesis que nos separaba. Yo leía a Lao Tse, y ella portaba un rosario. Yo, vestida con un buen abrigo y zapatos a juego, iba cargada con una bolsa repleta de libros de pintura y filosofía recién comprados. Ella llevaba también una bolsa, abultada por su contenido, verde y a punto de rasgarse; intenté averiguar que contenía, pero no logré hallar ni quiera una pista, quizás fuera ropa, quizás algo de comida. Para ella habían pasado los años como huracanes que lo arrasan todo, le habían robado la tersura de la piel, la amabilidad de la sonrisa y la jovialidad del cuerpo. Conmigo el tiempo aun no se había portado mal, y si tenía alguna tara o cicatriz estaba sin duda el en alma, guardada para que a simple vista mi imagen fuera de jovencita agradable. ¡No dudo que ella también tuviera heridas en el alma! A juzgar por su aspecto habían traspasado la coraza de lo físico y habían dejado su huella en el rostro, las piernas y los brazos. Debería haberme sentido fuerte y orgullosa, pues salía ganando en cada minúsculo aspecto que comparaba. Sin embargo, la imagen de la mujer me aterró, ¿cuántos años nos separarían?, ¿cincuenta?, ¿sesenta quizás?. ¿Qué barbarie cometería el tiempo contra mí? Recordé el poema de Ronsard ''cuando seas muy vieja, a la luz de una vela// y al amor de la lumbre, devanando e hilando// cantarás estos versos y dirás deslumbrada:// me los hizo Ronsard cuando era más bella''. Imaginé que los amores me traicionarían con el tiempo, pues la pasión y el cariño son para los jóvenes, para los cuerpos fuertes dispuestos a disfrutar. Pobre señora, deseé derramar las lágrimas que quizás ella no derramase por vergüenza o tal vez por ignorancia. ¿Habría aprendido alguna vez a leer? Era la hora de irse, le sonreí a mi madre que había pasado el tiempo esquivando la mirada de aquella pobre mujer. Qué afortunada era yo, que acababa de visitar la universidad en la que me enseñarían aquello que realmente me interesaba, que tenía amor escondido por dar y por recibir, que aun guardaba la chispa de la juventud entre las pestañas y las ganas de comerme el mundo en un lugar muy pequeñito de mi esperanza.

sábado, 2 de junio de 2012

Nos pertenecemos unos a otros.

Siempre creí en ti, supongo que lo seguiré haciendo aunque ahora, paradojas de la vida, desesperada. Todas las personas se merecen que alguien crea en ellas. Se habla mucho de la auto-realización y la autoestima, pero por mucho que se guste uno a sí mismo y que confíe en sus posibilidades siempre necesita unos brazos firmes en la que apoyarse cuando los fracasos ahogan la propia existencia y un rostro de orgullo ante triunfos inesperados y merecidos. Los éxitos no saben bien en soledad. 
 Cuando al escritor José Saramago le comunicaron la concesión del Premio Nobel se encontraba solo en un pasillo frío de aeropuerto. ''¿Cómo se sintió al conocer la noticia del Nobel señor Saramago?'' ''Me sentí mal, estaba solo y no podía compartirlo con nadie.'' Supongo que hubiera deseado que Pilar estuviera allí con él mejor que aquellos periodistas que le esperaban a la salida del avión con fingido entusiasmo.
 Creo en ti, en las personas en general. Son ellas las que han creado todo lo que conozco y conoceré, son las que provocan los desastres de mis guerras internas y las que me ayudan a aprender de ellas. Soy un poco de cada ser humano que ha pasado por mi vida. Robé coletazos de ideas de genio, memoricé sonrisas que me hacían feliz, capturé expresiones interesantes y copie gestos que jamás llegué a entender del todo. Me gusta pensar que ellas también cogieron algo de mí, no podría soportar la idea contraria. Me gusta que aunque no sean los más, aun quede alguien que crea en Carmen, porque yo continuo creyendo en una gran variedad de personalidades y nombres que prescindo escribir, pues no me gustan las públicas dedicatorias. Nos hacemos unos a otros, y ¿la originalidad o la unicidad? María dice que eso no es más que llevar a la máxima perfección todos los modelos que nos han sucedido. Yo no podría estar más de acuerdo con la profesora de arte. 

miércoles, 30 de mayo de 2012

Acuérdate de mí cuando me olvides.

Nunca le diría la verdad. Aquellos sentimientos sinceros, o no, quedarían guardador para siempre en la poca persistencia de memoria que le quedaba. ¿Debería haber ido corriendo tras ella y confesarle los innumerables engaños? Pensó que en ocasiones las certezas nunca dichas duelen más que las verdades más crueles. Sin embargo, estaba parado, viendo marchar a la sombra que más veces le había arrojado luz, sin amar, sin odiar, vacío. Hubiera deseado llorar, gritar de rabia o reír ante la falta de emociones pero no logró hacer ninguna de las tres acciones. Se marchaba, qué novedad, ¡cómo si fuera la primera que lo hacía!, ¡cómo si ninguna otra fuera a hacerlo de nuevo! No iría a detenerla, no le rogaría que no lo abandonase pese a que su desolación fuera inminente. Aunque carecía de orgullo, también de ganas y esperanzas. Tal vez ella mereciese un hombre mejor, más simpático, de los que hacen llorar de risa y reír tras el llanto. Trataba de engañarse, habían sido felices. ¿Cómo se define la felicidad?, ¿y el amor? El amor no era más que la idealización de banalidades, el amor era la montaña rusa, la cúspide de esta, el máximo apogeo de la insignificante vida de un hombre... Y pese a significar tanto, ¡con qué facilidad se marchaba! ¿Qué era él sin las ganas de hacer del mundo un lugar mejor a su lado? Un hombre simple, sin méritos ni condecoraciones. Ella se giró un segundo, sus miradas comenzaron a susurrarse palabras huecas. En sus ojos ya no había amor, ni tan siquiera esperanza. Estaban llenos de espanto, de desencanto, de desilusión. No pudo evitar gemir antes de que ella desapareciera un grito ahogado: ''¡sálvame!''. Pero la salvación era para los soñadores, y él hacia ya demasiado tiempo que dormía entre pesadillas cargadas de recuerdos.

lunes, 28 de mayo de 2012

Clic.

Clic, clic, clic... A, c, b, g, h, i, o... Decían que para escribir no se necesitaba más que una máquina, una pluma, o en este caso un ordenador y un montón de letras esperando a ser reorganizadas. Clic, clic, pero últimamente ando escasa de ideas, y las narraciones de determinados momentos se transforman en crónicas o descripciones impresionistas. Nace de mis teclas un hombrecillo, que me susurra al oído las frases que debo construir. Le hago caso, pues no tengo más imaginación ni más conocimiento que aportar. No tiene rostro y eso me agrada, siempre he buscado entre la gente a una persona sin rostro a la que dibujar gestos a medida que el amor fuera surgiendo. Clic, clic, clic, sigo escribiendo vaguedades. Reverte, hoy no tienes razón, hoy no es suficiente con sentarse y teclear, necesito algo más de vida. ¿Dónde la encuentro? Clic, clic, aquí desde luego no, no obstante no dejan de florecer palabras de las yemas de mis dedos. Definamos esto como un ensayo, como una de esas escrituras automáticas tan características del surrealismo. Dejemos que no tenga lectores que sea solo para mí y el hombrecillo envuelto en sombras que sigue bailando por esta sala. Clic, clic, ¿a quién escribir? clic, clic, clic ¿cómo hacerlo? clic, clic, ¿es que acaso no es mágico que sin ideas ni esquemas haya surgido esta abstracción, la cual podría haber pintado a semejanza de Kandinsky? Clic, clic, clic, estrafalario, como la vida misma, como el arte en general y las personas en particular. Absurdo, caótico, sin sentido... pero, ¿no somos así? ¿qué pensaría el observador imparcial? Clic, clic, clic.

jueves, 24 de mayo de 2012

Si dudas puedes quedarte.

 Dudo sobre si es el mundo el que esta mal hecho, o soy yo. Todos parecen contentos, seguros de si mismos y satisfechos. Odio a la gente satisfecha, parece como si jamás hubieran tenido problemas, como si despreciaran a los inseguros. Parece que saben que va a ocurrir después y en ocasiones la arrogancia es tal, que te hacen llegar a pensar que tienen las respuestas a los grandes interrogantes de la humanidad. Después llega la decepción, claro, pues la contestación es siempre un esperpento, una ridiculez, una vaguedad que alguna vez leyeron o escucharon a alguno de los dudosos ídolos de la sociedad actual.  Se puede, es más, se debe, estar agradecido; pero nunca satisfecho, nunca pensarse de vuelta cuando otros similares están en la mitad de la ida. Me irritan las miradas incompasibles ante lágrimas por temas que nunca tratarán de comprender, ¿los comprenderían aun si trataran de hacerlo?. Me enervan las risas sarcásticas cargadas de esa estupidez de los que se creen el prototipo perfecto de la sociedad, el superhombre, pero no nitzscheano, pues este es de los locos, y los locos deben ser ignorados...Cuando veo una expresión de falsa lástima y oigo silencios que duelen más que palabras, o escucho como algún pretencioso se define como sincero para excusar su falta de tacto, sin duda quiero alejarme para siempre de ese tipo de hombres de color rojo. Aunque quizás me esté precipitando al darles un color a los satisfechos, que se reirían ante esta manía mía si por algún casual llegaran a leer hasta esta palabra sin haber cerrado antes la pestaña de esto que escribo. Lo que más odio de los satisfechos, de los amigos de la sociedad moderna y genial, es que a veces angustian aun más a los extraños, a los que se niegan a amar lo útil, a los que no tenemos las ideas tan claras. Lo que más detesto es su seguridad frente a nuestras preguntas incontestables, su pose de maniquí, sus gestos sin maneras propias, su seriedad cuando es necesaria una carcajada... 

martes, 22 de mayo de 2012

¿Cómo despiertas, desconocido?

 Suelo levantarme con el pelo revuelto, y siempre digo que es como si en él hubieran estado jugando mariposas toda la noche. Me gusta sonreír ante la posibilidad de un nuevo día. Sonrío como si alguien me estuviera haciendo compañía, como si mi enamorado inventado estuviese a punto de venir a darme un beso de buenos días. Cuando la noche no se ha portado bien conmigo imagino los sueños que hubiera querido tener y me levanto de un salto, bailando. Siempre bailo, los días que lo olvido son un desastre. Bailo como si fuera la melodía de un árbol caído. ¿Cómo describir el ruido sordo de un árbol centenario que se ha rendido ante el enésimo vendaval que ha pasado por su existencia? ¿Cuántas personas bailaremos cada mañana con el sol del amanecer? Sería divertido acudir a cualquier sitio en el que se nos espere moviéndonos al compás de una canción, dando vueltas para que la falda coja ese vuelo especial característico de las películas. Los trabajos se harían más amenos con una música suave de fondo y pies que siguieran la música. ¿Pero quién tiene tiempo de bailar cuando lo más importante es aprovechar las máximas horas de sueño y después no llegar tarde? ¿A alguien le interesa descubrir la melodía de un árbol caído? Prefieren los ruidos estridentes de sus motores y bocinas, los tic-tacs del reloj, las alarmas de sus móviles y murmullo desgastado de las noticias matinales. Por mi parte, espero seguir poniendo mi despertador unos minutos antes de lo necesario para continuar soñando despierta y a la luz del sol aquello que la madrugada no me regala. Es divertido, que pruebe quien sienta curiosidad y mientras, si tiene tiempo me dedique un pensamiento fugaz en uno de sus movimientos. 

sábado, 19 de mayo de 2012

Chucuchú.

De espalda, y con la mirada más fija en los raíles que en el tren que marchaba furioso al ritmo de su cada año más débil chucuchú, se preguntó a cuántas de las personas que no habían bajado en su misma estación volvería a ver de nuevo. Quizás alguna de esas gentes que marchaban ya a destinos que ella desconocía se convirtiera en unos años en rostros conocidos y labios de confesiones. O quizás no, y tal vez fuera aquello lo más angustioso de todo. ¿A cuántas personalidades interesantes se estaría perdiendo por falta de tiempo y de valor? Alzó la mano y cansada, despidió con la mano a un vehículo con personas a las que paradójicamente le hubiera gustado saludar. Pensaba lo asfixiante que le resultaba querer querer a una extensa variedad de personas y que esta se viese mermada por la imposibilidad de retener a todos siempre a su lado. Sospechaba que lo que más la angustiaba no era eso, sino el riesgo de que las sonrisas más bonitas, los ojos más nostálgicos y los intelectos más despiertos la olvidaran. Qué egocéntrico sonaría este planteamiento si se atreviera a confesarlo. ''Las personas deben continuar su vida'', le hubiera contestado alguno. ¡Ella ya sabía eso!, no se trataba de que le rindieran un culto vitalicio, simplemente de que no lucharan por solapar el recuerdo de alguna de sus palabras... El tren se había ocultado en el horizonte a la vez que desarrollaba su teoría, el resto de pasajeros se habían marchado de la estación. Solo quedaba ella en aquel lugar desamparado, lejos del pueblo, cercano al campo, con un enorme reloj sujetando a la pared y una casa abandonada y ruinosa tras de sí. Creyó que nadie acudiría a buscarla, no había avisado de su regreso. Comenzó a caminar por la carretera que la conduciría a casa al igual que el tren había corrido sobre los raíles que lo conducirían a cualquier lugar. Ella iba despacio, sin compañía, sin chucuchú, pero abandonaba, al igual que lo habían hecho los vagones, aquel lugar a su suerte, diciendo de nuevo adiós a los viajantes desconocidos del próximo tren que aun no había llegado...

domingo, 13 de mayo de 2012

Enfermo de miedo.

''Si ella viniera a preguntarme ahora diría que me da igual. Estoy cansado, mis respuestas son lo más nimio de este mundo, ¿a quién quiero engañar? Yo no quiero esta vida. Me disgusta ver que hasta este desagrado pesimista y continuado me disgusta, no soy feliz. ¿Lo fui alguna vez? Imagino que en toda infancia y juventud hay días en los que el hombre comprende el significado de la alegría. Pero esos años huyeron, no queda ni rastro de ellos, solo estos cuadernos gastados, de los que ya no puede casi entenderse la caligrafía. Me es indiferente que ella marche, o que se quede aquí, que me hagan irme a vivir lejos de estas tierras que tanto quise o quedarme a descansar bajo ellas para siempre. Al fin y al cabo voy a morirme. Deseo morirme, y sin embargo, ni siquiera poseo el suficiente valor cobarde para matarme. Soy un viejo. He perdido la belleza y la fuerza e incluso mis facultades intelectuales se ven mermadas con los días. Detesto a aquellos que tratan a los viejos como jóvenes, yo no puedo enamorar a una muchacha guapa y radiante, ni tampoco jugar con la suerte, porque con mis años mis posibilidades de perder son las más. Quizás aquellos que con esta edad luchan no son más que ignorantes, o quizás solo tienen aun más miedo que yo y se agarran a la esperanza. 
 Siempre fui demasiado altivo, demasiado arrogante, demasiado conquistador; puede que pensase que el viaje de la juventud era eterno, que el amor era para los débiles, que la pasión era mejor por ser más fácil e inmediata. Me llené la cabeza con ideas de otros revolucionarios que nunca llegué a comprender bien y olvidé construir mis propias tesis, y ahora, cercano al final, me arrepiento de no haber tratado nunca de eternizarme. No tengo hijos, el mundo no me recordará por grandes logros, las mujeres que algún día llenaron mis mañanas marcharon con otros más estúpidos, más feos, menos galantes, y tal vez hoy, más felices. Deseo morirme porque estoy solo y sin obra maestra. Rodeado de lujos pero acabado, sin recuerdos compartidos, sin entender jamás si alguna vez fui libre o mi destino estaba escrito desde el principio. Me gusta la belleza que alcanzo a intuir, pero mis piernas me fallan; he olvidado la sensación de correr al alba; la vista me engaña, los oídos me zumban y en mis labios no hay sabor de otros labios que compartan mi desconsuelo. Estoy enfermo de miedo.''

jueves, 10 de mayo de 2012

Pasa el tiempo entre sonrisas.

 Dijeron que el hogar es aquel lugar en el que tenemos el corazón, ese sitio al que siempre volveremos con una sonrisa limpias y con los brazos llenos de abrazos. 
 Quizás desde siempre pasé demasiado tiempo fantaseando con ciudades en las que se respirase cultura, repletas de exposiciones, con conciertos a diario y montones de lugares interesantes en los que disfrutar de los días. Sin embargo, nunca he deseado personas diferentes a las que ya me rodean o me rodearon, no porque piense que sean perfectas o inigualables, simplemente porque sé, y hoy con más certeza, que son las que necesita un alma perdida como la mía. Posiblemente porque con sus manías y defectos, con sus virtudes, miedos y esperanzas formaron inconscientemente una parte importante de Carmen, de mí. Me pregunto si el hogar, no serán más ellas, que dotaron a los lugares de sentimientos y vida, que la propia ciudad de la que irremediablemente me separo. Es tristísimo ver como se han ido para siempre amigos que juraron ser del alma, amigas que prometieron regalar siempre una carcajada, profesores que me encauzaron, o me apartaron, según, conversaciones que abrieron mi acentuada subjetividad o rostros que llegaron a ser muy muy bonitos desde mi mirada.
 Dicen que los de verdad nunca se van, me parece demasiado optimista. Yo creo que lo que siempre permanece son los viejos sueños teñidos de añoranza, los pequeños recuerdos que me hacen llorar y algún que otro objeto que el tiempo hará polvoriento y que, si la vida me regala tiempo, enseñaré a mi descendencia como prueba infalible de que mis días de adolescencia olían a felicidad. Si hay suerte puede que aun conserven el olor a vida alegre que hoy impregna esta habitación.

                 

domingo, 6 de mayo de 2012

Vitalismo.

Existe una única vida, esta. La que pasa mientras tú lees esto y yo lo escribo. Lo cierto es que no conozco nada más allá de ella y me resulta imposible concebir un universo con más fantasías y realidades que la vida que amanece cada mañana con nosotros. Apoyo de forma incondicional a aquellos que censuran a la sociedad, al ser humano modernísimo que persigue el progreso y huye de la sencillez. Me parece razonable esa corriente pesimista que llora ante un mundo pésimo, alabo a ciertos rebeldes de la historia, a los artistas tenebristas, a los escritores de denuncia, a los líderes alejados de la política... Sin embargo, detesto enormemente a los que culpan a la vida de sus males, a los que pese a los siglos siguen creyendo en el  tópico medieval del lacrimum vallei. La vida es bella y si puedo añadir algo más, también es generosa. Nos dotó no solo de inteligencia, sino también de imaginación para poder soñar realidades que la naturaleza no había logrado crear. Nos ofreció además de entendernos mediante la palabra, crear un sistema que con apenas diez números es capaz de darle un poco más de coherencia a lo absurdo de la existencia. Lejos del propio hombre, se formaron montañas que brillan nevadas bajo el sol, cielos que cambian incesantemente y se muestran iguales ante cualquier pequeñez que se halle bajo ellos y mares que se presentan en forma del tan buscado Fin del Mundo. La vida es bella, qué ironía, porque nos muestra la fealdad de la muerte y la oscuridad de los desastres, para que así los instantes de belleza sean motivos de alegrías infinitas. Es maravillosa porque no estamos solos, sino rodeados de millones de almas como la nuestra, y sin embargo, nos da la posibilidad de destacar. Más allá de lo físico, de lo perceptible, agradezcámosle al mundo el enseñarnos a querer, a valorar y a cuestionar. Dediquémosle una sonrisa a las flores de vivos colores y a las que comienzan a brotar, a los rostros desconocidos que parecen cansados, a las nubes de formas estrambóticas, a las oportunidades y a las esperanzas perdidas que dejaron paso a otras nuevas. La vida es maravillosa, a ratos incomprensible, asfixiante, molesta, pesada, no obstante... ¿quién no suspira por una última visión del mundo antes de abandonarlo para siempre? ¿quién no desearía prolongar su vida para continuar descubriendo destellos de esplendor? 


lunes, 30 de abril de 2012

Querido hombre sin voz, ni rostro, sin patria, sin amores.

"Nos quisimos, como cada noche al mes en las que las palabras sobraban y el cariño se hacía lo suficientemente poderoso para poder llenarlo todo. Nos asfixiamos, casi casi nos extinguimos, y nos sentimos morir tranquilos, juntos y eternos. Después llegaron los meses fríos y cambiamos, y aquellas suplicas de silencio al amanecer se difuminaron con los paisajes dorados del verano. No volvimos a vernos, ni a escucharnos, no me ahogaste, no te absorbí, no nos echamos de menos... y sin embargo, me quedé sin tus silencios, los ruidos me agobian ahora, incluso en soledad. Ven a hacerme compañía un momento  mientras aspiro tus  gritos callados."
-En silencio por favor, cuidando la tranquilidad del ambiente pero agitando el espíritu. Ven y haz que no pueda oírte, apaga la luz, quiéreme.

Plasmar el instante, captar la luz.


Bajo los primeros bostezos del sol, el artista colocaba minuciosamente toldos y demás útiles para proteger al lienzo que estaba a punto de comenzar. La playa reposaba tranquila tras el movimiento imparable de las olas durante la madrugada. Antes de comenzar a mezclar colores, el pintor se adelantó unos pasos a donde tenía situado su particular taller y respiró el aroma salado, el olor a vida que aquella playa le suscitaba. Miró a los niñas introducirse lentamente en el mar, miedosas al frío del agua por la mañana. Le gustaba ver como unos instantes sucedían a otros sin reposar, la vida iba pasando ante esa arena fina, y esos chiquillos que se aliaban con el viento para bailar con él. Echó un último vistazo y volvió con sus óleos, el momento era idóneo. Los niños ajenos al estudio de cómo la luz incidía en ellos, correteaban de un sitio a otro, hasta que de vez en cuando Joaquín les pedía unos minutos de quietud para retocar detalles. La mañana transcurría entre blancos, azules y ocres, entre risas y chillos infantiles, y la mirada amable de un pintor vitalista, deseoso de reflejar la grandiosidad de lo sencillo que lo rodeaba. La jovialidad de los pequeños parecía no marcharse nunca, a veces acudían curiosos a investigar cómo se veían dibujados en un lienzo, las niñas se imaginaban pequeñas estrellas, los niños reían de forma ruidosa y se enorgullecían de su reflejo pintado. Cuando la luz se acababa, o cambiaba de tonalidad, significaba para el pintor que era la hora de volver a casa, de recoger los pinceles y llegar al hogar para disfrutar de la compañía de su querida Clotilde. No sin antes, cuando nadie lo observaba, correr hasta la orilla y chapotear unos minutos, recreando sus propias pinturas, viviendo la esencia de su profesión, disfrutando de la fugacidad del instante que acababa de plasmar para la emoción de futuras generaciones.



Joaquín Sorolla, llenando mis días de ganas de sol, de luz de infancia, de playas construidas con  recuerdos.


viernes, 27 de abril de 2012

Mejor escribir en papel, con tachones antiestéticos pero humanos, con dibujos en los laterales y alguna que otra falta de ortografía. Que no se pierda la costumbre... por amor al arte.

jueves, 26 de abril de 2012

En un puro afán de incertidumbre, de mentira.

"Y lo único que te agradezco ya es que me engañes una vez más...
 Te quiero mucho.»"


Eso me gustaría pedirle al mundo, que no me oponga resistencia cuando quiero ser subjetiva, que no me cuente realidades que quizás solo sean engaños. Solo necesito una ficción nunca oída, una conversación a la que no sepa responder, una palabra nueva, un silencio que susurre secretos, un alma que no se pueda predecir, un grito de impotencia ante la propia identidad...

domingo, 22 de abril de 2012

''Aunque seas de oro, vivirás en una jaula.''

 Vivimos en jaulas, algunos más que otros, pues tenemos la desdicha de darnos cuenta de ello... Todos los esfuerzos por enamorar, por sentirnos amados o valorados, por compartir y comprender, se ven minimizados al entender que la libertad que nos quisieron vender los grandes líderes y filósofos no es más que una suposición en la que debemos creer para no sumirnos en la más honda desesperación. En un mundo en el que Dios se ha extinguido, lo único que puede salvarnos es el pensamiento de libertad para actuar conforme a maneras de ser, para elegir si amar, y para construir un camino que suele terminar antes de lo que quisiéramos. Una vez que hemos comprendido que la vida tal y como la conocemos se acabará tras nuestro último aliento, y que no hay cielo ni ángeles que vayan a concedernos la inmortalidad, lo único que nos queda es pelear por instantes de eternidad. ¿Cómo lograr permanecer aun sin estar presentes? ¿Cómo luchar contra nuestras limitaciones y nuestros fracasos? ¿Cómo salir de la jaula? Quizás no se trate de salir de ella, sino de dejar entrar a alguien, a alguien que brille más que nosotros. Alguien dijo que además del arte, la forma más segura de eternidad es el amor. Igual al enamorarnos entregamos toda la energía de la que disponemos para eternizar al otro, para lograr que nuestro recuerdo perviva a su sombra. Nadie querría una vida sin amor, pero ¿y si nos contaran que pese a que hemos abierto la puerta de nuestra jaula la otra persona no puede escapar de la suya? Sería un espectáculo horrible, dos personas con puertas abiertas, deseosas de meterse en otro lugar pero incapaces de salir de su mundo. Dos almas condicionadas por lo que son, por los instintos y las experiencias que han ido superando, anhelando por encima de todo entrar en el otro, sufrir su dolor, cantar sus alegrías... ¿Sería posible abandonarnos para volar lejos de la jaula? Imagino que no, preferimos la belleza que irradia el oro, preferimos acumular tesoros... tal vez ni siquiera sea algo que podamos decidir nosotros, tal vez tenga que suceder una hecatombe que destruya de una vez por todas los barrotes de nuestro hogar...

viernes, 13 de abril de 2012

Un día te llevaré.


-Esto es Nunca Jamás. Lo he hecho a partir de tus bocetos de fantasía, copiando los sueños que narras en tu cuaderno de noche, recogiendo la esencia de las risas que emites cuando estás en silencio, al sonreír con la mirada. Podemos hacer lo que tú desees. Mira: dos espadas de madera para jugar a ser piratas, y más allá un caballete con óleos dorados junto a él. Justo detrás hay un pequeño estanque en el podremos bañarnos con la Luna...

miércoles, 11 de abril de 2012

Ensanchar los límites de nuestra ignorancia.

 Me gustaría recordar el día en el que comencé a preocuparme por la terrible crisis en la que creo se encuentra la parte más humanista del ser humano, esa parte subjetiva que mueve los deseos más secretos y hace nacer al instinto creativo e irracional sin dejar a un lado a la razón y el amor por seguir investigando para ver un poco más. Sistemáticamente veo una sociedad dividida en ciencias y letras, existiendo entre ellas un termino medio: ciencias sociales. 
 Algunos de los afortunados de poseer capacidades para las ciencias, critican al sistema educativo por exigirles como obligatorio un mínimo conocimiento del lenguaje, la historia o la filosofía. Arremeten contra la sintaxis, tachándola de inútil o inservible y demás terminología vacía que no me resulta agradable citar ahora. A ellos les preguntaría cómo conseguir que nadie nos tome en serio si no dominamos la capacidad de transformar nuestro pensamiento en palabra oral o escrita. Responderían que ellos saben hablar casi desde la infancia ya que el lenguaje es una facultad humana, pecando en el error del que cree conocerlo todo y desconoce su propio desconocimiento. No soy yo alguien que se enorgullezca de un control absoluto sobre como describir una determinada situación, o sobre como exponer ideas; aunque voy a terminar bachillerato y soy de letras. Respecto a esto, podría seguir escribiendo y debatiendo conmigo misma sobre la importancia de Kant o de Isabel II, por seguir con ejemplos, pero parece suficiente y los sinónimos se agotan.
 Igualmente criticables son los de mi ''lado'', quizás si cabe aún más; pues un elevado tanto por ciento escoge letras para huir de las matemáticas. ¡Ah! ¿Para qué las necesitan ellos si existe una maquinita mágica llamada calculadora, que además; qué lujazo; viene incorporada en nuestros amados móviles? Creen quizás que dicha ciencia se reduce a sumar si te han devuelto bien el cambio. ¿A  quién le interesan las conjeturas, los números irracionales, la perfección formal que en ellas se esconde? A nadie, a un matemático si acaso, ''¡yo soy de letras, no me preguntes de eso!'', y con esta frase se pone punto y final a los problemas que otros presentan.
 Olvido comentar, vaya despiste, a los artistas. Artistas somos todos, es lo que se me ocurre decir ante el panorama que se presenta ante mis ojos, que se describe con la sospecha popular de que una idea superficial basta para convertirse en un genio o una fotografía tomada con una cámara muy cara es suficiente para denominarse artista. De este joven grupo de creadores ¿cuántos conocen a los escultores de la Atenas de Pericles?, ¿cuantos escritores que desafinan ante el amor han leído a Salinas? ¿cuántos pasan horas, días, semanas, sin descanso estudiando su propia obra?
 Admitámoslo, estamos en una fuerte decadencia y no económica, o social; que sin lugar a dudas también; sino humana. Vivimos en un periodo en el que solo tiene valor lo práctico, aquello que es útil de inmediato, lo que nos permita ascender en lo nuestro lo más rápidamente posible, y si evitamos el esfuerzo... mejor, gracias. Estamos sacrificando, banalizando aquello que nos hacia únicos: la imaginación, la esperanza, el amor, y con ellos la poesía, la escultura, la música... Dice acertadamente Unamuno, que no somos  especiales por nuestra razón, sino por nuestros sentimientos, quizás lo seamos por una mezcla de ambos; por ese afán característico de conocer el porqué y el cómo, por la curiosidad implícita en nuestra consciencia y las pasiones incontroladas de nuestro inconsciente. Quizás esta burda separación entre ciencias y humanidades, pese a especializarnos más en un tema, no hace más que ensanchar los límites de nuestra ignorancia.

lunes, 9 de abril de 2012

What good are the stars above if you're not in love?

 Te invito a bailar con una condición, no puedes negarte. Me gusta hacerlo cuando llueve y hay tormenta. También a la luz del sol de verano que hace que todos se recojan en sus casas por calentar en exceso. ¿Qué tiene de especial la vida sin amor? La música perdería parte de su encanto, la poesía se quedaría mustia, las lágrimas serían solo de desesperación, las risas compartidas no sabrían tan dulces. Estoy deseando que nos movamos al compás de una canción con una letra pegadiza. Hoy quiero querer, ¿a quién? ¿y quién podría adivinarlo? Llega cuando menos te lo esperas, suelen decir los pacientes. Sin embargo, no puedo dejar de anhelarlo, nadie deja de pensar en el amor, nadie se olvida la esperanza. Si vienes y me cantas ''dance with me darling'', seré tu ''honeypie'', seas quien seas, cantes como cantes, aunque nos movamos como patos mareados, aunque vistamos ropa desgastada y llevemos el pelo muy revuelto, yo en un moño despeniado y tú demasiado largo. Te prometo besos de mariposa, de gnomo y de hada, a cambio tú prométeme jugar a ser únicos.
                    
Come and get me baby because soon I will be gone

sábado, 7 de abril de 2012

Plasmar el amor.

 Con la característica curiosidad de la juventud, Psique abrió la vasija. Le habían dicho que contenía belleza, todos comentaban que ella gustaba de tal virtud, sin embargo, ¿qué aspecto tendría la belleza por si sola, sin depender de un cuerpo, de un paisaje, de una impresión? En el momento en el que sus dedos destaparon el recipiente se sintió desfallecer de forma dulce y quedó dormida en medio del camino. Debería haber sabido que no es conveniente desobedecer a Venus. Afortunadamente para ella el hechizo era reversible, podría despertar con un beso de amor, él lo sabía. Eros apareció volando desde el idílico mundo divino, y con la mayor delicadeza con la que jamás un amante a besado a otro, junto sus labios con los de Psique para liberarla de su sueño antes imperecedero. No existe mito más hermoso para alegorizar la inmortalidad del amor, los artistas lo supieron. Imagino a Canova cierto día de 1787 en un taller iluminado junto a un bloque del mármol más blanco, especulando sobre cómo plasmar el mito más tierno de la mitología. El genio italiano cogería sus útiles y esculpiría con cariño y talento a una joven yacente que abraza a su amante en el instante en el que este se dispone a besarla para que tras su despertar sea cierto el sueño universal del amor eterno.

miércoles, 4 de abril de 2012

Me quiere, me odia, me quiere...

Paradójicamente el día en el que inventamos el amor, el odio se introdujo en nuestras consciencias. ¿Qué sucedería si siempre amásemos? Posiblemente que el amor tal y como lo conocemos carecería de sentido. El amor ha movido y sigue moviendo el mundo, pero es innegable que su antónimo no lo ha hecho menos. Necesitamos de él para responder al abandono, a la decepción, a los engaños, quién sabe si también para responder a nuestra propia cobardía. No me gusta odiar, pues siempre he pensado que el odio lleva irremediablemente al propio sufrimiento del que odia; sin embargo, en ocasiones se vuelve incontrolable. Del mismo modo que nadie decide de quien enamorarse, nadie escoge a quien destinar todos sus oscuros deseos. La sensación de repugnancia o desagrado ante ciertas personas o situaciones, o comidas, o deportes, o incluso risas, se adueña de nosotros sin dejarnos manejarla lo más mínimo. Obviamente es posible controlarlo, quiero creer que somos un poco libres, pero hay veces que reprimirlo no resulta la mejor solución. Personalmente odio, y no me considero peor por ello, simplemente sincera para admitirlo. El secreto tal vez sea en odiar lo justo, poquito, sin dejar que se nos vaya de las manos y sin supeditarnos a tal emoción. Por supuesto siempre combinarlo con el amor, una de cal y dos de arena (voy a imaginar que la arena es la buena; es decir, el amor; ya que nunca lo he sabido). Odio la palabrería por la palabrería, por el contrario adoro la buena oratoria y las ideas correctamente fundamentadas. Odio los reallities sobre gente con personalidades patéticas, pero me gustan los libros realistas sobre desfavorecidos del XIX y del XX y los programas sobre arte. Odio que no me sepan seguir, sin embargo me encanta descolocar y compartir secretos con almas que se asemejan a la mía. Odio a los pájaros, me fascinan las serpientes y las mariposas. Odio también no saber cómo escribir con precisión y correcta forma, disfruto imaginando como será el futuro, diseñando una vida utópica, narrando esos sueños. Para sentirme mejor a veces la odio, lo odio. Después respiro, me repito que es una prueba más de mi humanidad y escojo pasar ratos agradables con alguien a quien quiero. En realidad el amor es más placentero que el odio: regala felicidad.



martes, 3 de abril de 2012

El tiempo dicen, lo cura todo.

 ¿Qué podría contarte ahora que todos nuestros años han pasado y no tenemos miradas por compartir? ¿Con qué juego entretenerte cuando sé que ya no crees en salir a buscar aventuras? Parece que se va acabando esta etapa, y ¿sabes algo? Estoy deseando irme de aquí, ya... al igual que tú soy consciente de que no es la solución, pero necesito conocer a personas que no sepan nada de mi historia. Quiero ahogarme en palabras nuevas y hundirme en cuerpos desconocidos. Alguna vez leí que los extraños nos ven como realmente somos, no como quieren creer que somos; creo que era Zafón el que lo escribía: y lo cierto es que me resulta una afirmación acertadísima. Si estás enamorado me verás encantadora vestida con un vestido y dulce sin maquillar, si el amor no ha sido tu aliado me odiarás por haber sido esquiva, si te sientes solo creerás que soy tu salvación, si te encuentras rodeado de amigos abogarás porque jamás fui tan especial. Seré en función de tus sentimientos y pasiones, y no trates de convencerme recurriendo a la objetividad; por mucho que nos esforcemos el ser humano es subjetivo por naturaleza. Me describirás juzgando mis actos, aun cuando no conozcas las causas de tales o cuales decisiones. Y yo haré lo mismo. Un desconocido me miraría y en función de sus gustos, y aunque duela reconocerlo, lo primero que diría de mí sería algo en relación con mi aspecto físico, tal vez luego al hablarme se formara una imagen positiva o negativa de mí. En el caso optimista de que fuera positiva, muy a lo mejor podríamos ir construyendo una amistad. Entonces yo tendría la suerte de sorprenderme de nuevo ante alguien, y él tendría la desdicha o fortuna de dejarse conmover por mis actos. Pero estoy hablando de futuros inciertos que van a tardar en llegar, y aunque desee irme en busca de recuerdos nuevos, los viejos no dejarán de formarme, de hacerme como soy. Pese a que me cueste admitirlo, las personas, en realidad, habitamos la memoria.


domingo, 1 de abril de 2012

Me los hizo Ronsard cuando yo era más bella.

Con la cara comida por arrugas, la piel llena de manchas, una marea blanca por cabello, la sonrisa torcida, los pendientes caídos, el cuello encogido, el pecho axfisiado, el lunar del ombligo borrado por el tiempo, la rosa marchita, las caderas sin forma, las rodillas marcadas por la flaqueza... Con los labios aun dispuestos para besar y un "te quiero" pronunciado en el último suspiro.

¿Cuándo mi vida va a comenzar?

A donde van, allí quiero ir.


jueves, 29 de marzo de 2012

Para darle sentido a lo absurdo de la muerte.

 Quiero que me ayudes a controlarme, que me indiques que camino seguir, que me expliques por qué mis decisiones son sabias o incorrectas. Ven para que pueda hablarte de mis planes futuros, para darme tu opinión sobre como enfocar esto o aquello. Ríñeme si mi comportamiento es impropio de ese alguien que quiero llegar a ser. Bríndame los medios necesarios para construirme una vida de la que sentirme orgullosa en mi último aliento. Coloca en mi camino hombres que me entiendan sin dejar de quererme y mujeres que aguanten los malos tragos a esos hombres debidos en forma de lágrimas. Hazme bailar frente a las desgracias y enmudecer frente a las alegrías. Enséñame a descubrir los misterios que encierran las pasiones humanas. Busca para mí un compañero de aventuras con el que ir al Fin del Mundo. Sé que existe ese lugar, no trates de convencerme de lo contrario. Mueve los hilos del teatro mundo para que mi marioneta se sitúe en un lugar que encaje con ella. Hazme buena, sensible, generosa, escritora...


Oh Lord, make me pure...but not yet. 

martes, 27 de marzo de 2012

¡Oh ven, ven tú!

Aquella tarde la encontró más hermosa que nunca antes. Rodeada de gente que obstaculizaban sus deseos de correr a abrazarla sonreía sin alegría al cielo, como si esperara un milagro que jamás confesaría a nadie. Le brillaban los pómulos, se encontraba muy lejana. Sin embargo esa lejanía que los separaba trascendía la mera distancia y quizás pudiera catalogarse como una sensación de pánico al comprender que las noches jugando a capturar el brillo de las estrellas habían acabado para ellos. Quizás fuera esa distancia, esa frialdad que desprendió su mirada en el instante en el que se fijó en él, lo que acentuara su belleza en ese momento. Sus caderas seguían en su sitio, el pelo le caía de la misma forma recta e increíblemente ordenada tan propia de ella... La diferencia se encontraba en que no salían palabras alegres de su boca, ni quiera susurros o frases desesperadas. Comprendió por un instante a todos esos artistas que alabaron el amor platónico y fugaz, a esos eternos amantes que cantaron a la belleza inalcanzable de una mujer. Eran la dificultad y el deseo de poseer un cuerpo antes suyo y ahora de nadie las sensaciones que le hacían sentirse aturdido. Se trataba de sus labios sin movimiento, de sus pómulos coloreados por el calor, esos que ya no volvería a sostener entre sus manos tras un beso largo y algunas lágrimas. ''La dificultad siempre ha sido bella, lo imposible suscitará eterna atracción pese a que se sucedan las estirpes..., y es que supongo, además de otros muchos atributos, somos caprichosos , amamos lo veleidoso''. Se dijo desviando la mirada hacia ese cielo el cual, al fin y al cabo, era lo único que ambos compartían.

sábado, 24 de marzo de 2012

Más allá del mero entretenimiento.

 Dudo si ellos experimentarán también este hastío cansado y rutinario que come de algunas de nosotras. Supongo que sí, ¿cómo no? Algún dandi debe quedar. Me lo imagino en un sillón remendado, leyendo mensajes de amor de mujeres a las que nunca quiso, desesperado, harto de salir a beber sin propósito por las discotecas de moda, exasperado con la incultura y la buena cara que a ella se le pone. En el piso de al lado quizás la misma escena y una protagonista diferente. Me la imagino a ella, pasando fotos en un ordenador polvoriento, preguntándose hasta que punto es capaz de querer y a quién podría querer, leyendo quizás a Clarín. Te cantaría la canción más desenamorada que lograra inventar si aún le quedara algo de voz. Te diría que todas las palabras de amor le suenan melosas y repetitivas, iguales y sin musicalidad; como si nada nuevo con respecto a estos temas pudiera surgir ya. 
 Me pregunto si nos alejamos tanto de las mujeres burguesas del XVIII y el XIX, que debían entregarse con fervor a la literatura para no morir aplastadas por el tedio. Por suerte nosotras tenemos más derechos de entrar y salir, más formas de entretener a nuestros sentidos. Sin embargo, esta ciudad no deja de recordarme a Vetusta, quizás porque el género humano por muy adelantado que se piense,  nunca dejará aparcados sus prejuicios sensacionalistas. Tengo la impresión de que en este siglo XXI, en el que algunas se consideran absolutamente libres, capaces de hacer lo que deseen sin limitaciones impuestas por nada (ni por hombres), son muchas las Anas Ozores que vagan por calles vacías de emociones sedientas de ávidos y fugaces romances, de vivir acciones moralmente cuestionables o de huir a algún lugar en el que no sean más que un rostro entre un millón.

domingo, 18 de marzo de 2012

No estoy hecha para la soledad.

 Si fuera posible agradecer a cada cual lo que se merece de una manera que fuera más allá de las palabras de siempre, os haría felices, o por lo menos haría todo lo que estuviera en mi mano. Si adivinase cómo hacer para incluiros a todos a la vez entre estas frases que estoy mezclando y me hacen dudar, dando algo más que nombres... Podría empezar por ti, por recopilar toda la paciencia y juntarla con la esperanza que has puesto en mí, podría colocarlas en algún lugar al que siempre pudieras acudir, para que te dieran respuestas cuando más las necesites, para que te hagan recordar mi cariño cuando yo no pueda estar cerca para guiarte. Seguiría con vosotras, grabaría nuestras conversaciones de cuartos de baño y los secretos clandestinos para verlos en una televisión muy moderna dentro de unos cuantos años. Después recogería éxitos para ella, para que se sintiera orgullosa de lo que ha impulsado sola, sin necesidad de otra figura para que siguiéramos adelante, para que fuésemos felices aún a costa suya. Continuaría yéndome a ver a otra personita por segunda vez hoy, para recuperar el tiempo perdido y explicarle lo frenético que sigue siendo todo, lo que me apetece una noche con ella y una tarde de campo. No solo a vosotros, iría abrazando a más de uno, de una, que merece algo más que unas palabras de cariño por mi parte. Cumpliría los sueños más extravagantes si tuviera una lámpara con un genio, unos padrinos mágicos, un hada madrina o un angelito de la guarda. Me gusta compartir la vida con vosotros. Soy una loquita con suerte, con más de la que merecería... y a día de hoy soy feliz. ¡Qué fácil si os tengo para recordarme que no estoy sola! Gracias por aguantar pese al tiempo y las decepciones, por no abandonarme, por decirme cuando más lo necesito, que me queréis. Haré lo propio, os quiero.

jueves, 15 de marzo de 2012

Life it’s what happens while you’re busy making your excuses

 Aunque me esté mal decirlo, debo confesar que en ocasiones mi paciencia; que de por si no es excesiva; se agota. Me aburro de los mismos comentarios vacíos provenientes de mentes muy reducidas en capacidad, de los carnets del coche, de las series televisivas en boga, de voces que chirrían desafinadas para mis oídos. Me enfado con risas que se me antojan sucias y degradantes. He de admitir que la incompetencia me sobrepasa. Me sobrepasan las oportunidades incesantes hacia aquellos que no entienden el valor de la oportunidad en sí. La incultura y el desinterés generalizado hierven mis amabilidades y desencajan mis gestos. ¿Es posible vivir sin ser consciente del valor de las personas y del potencial que pueden desarrollar? ¿Se puede censurar algo desconociendo los argumentos de la postura opuesta? ¿Es que acaso una ideología sirve como colchón para defender la propia opinión en todos los aspectos? Sin embargo, no menos me atormentan los aventajados que descubren sus conocimientos con miradas despectivas. Es cierto que la falta de conocimientos es muy criticable, pero, ¿no lo es también el saber y regocijarse en la ignorancia ajena? ¿No reduce la inteligencia el desconfiar de todo aquello que no sea nosotros mismos? 
 Me aburro, me desespero, me enfado y si estoy sola también grito. Lo hago por que hoy es uno de esos días en los que mi humanidad; la poca o mucha que me quede; me pide enfrentarme a esta sociedad absurda que se auto-censura sin hacer nada por cambiarse primero. Necesito enfrentarme a aquellos que culpan de sus fracasos a profesores, enamorados, amigos o, si nos ponemos drásticos, al sistema. Me gustaría ensalzar el poder del esfuerzo ante ojos que no comprenden lo que es el sacrificio. Deseo explicarle a los intelectuales que en ocasiones un sentimiento explica más satisfactoriamente un hecho que cientos de volúmenes de física, pese a que lo hará de forma subjetiva, imprecisa e irracional. 

miércoles, 14 de marzo de 2012

Recordando el Quijote de nuestro tiempo.

 Comenzaron a llenar la habitación, revoloteando por todos lados, iluminando mis pómulos con tonos dorados. Hacían un suave ruidillo al aletear inquietas de un lado para otro, que parecía anunciar la llegada de una primavera que como cada año regresaba amable a llenar de alegría los hogares. Bailaban guiadas por su propia melodía, creando un torbellino soleado en el que resultaba difícil adivinar dónde comenzaba o si tenía final. Hechizada por aquella danza natural que ejecutaban los insectos caí rendida sobre el colchón, respirando agitadamente. Me oí cantar sin ritmo, gritar sin palabras, soñar con la realidad que se presentaba ante mí en forma de mariposas. Su colorido cambiaba las tonalidades de mi habitación. Mi cuerpo desbordaba una felicidad que había olvidado enseñar. Ellas continuaban su exhibición, moviéndose de forma coordinada, mezclándose para crear figuras oníricas. Debido a mi exaltación me costó darme cuenta del lugar del cual se habían escapado todas aquellas mariposas amarillas. Se me antojó que en las diferentes formas de sus alas escondían un mensaje que yo debía descifrar.  Fue suficiente una mirada fugaz a la estantería, que debido a mis invitadas se veía de un color áureo, para darme cuenta de que habían salido de uno de mis libros a dar una vuelta por el mundo de su inventor. ¡Pero yo no era su creadora, y sin embargo, allí estaban, centelleando a plena luz del día, invitándome a querer! Busqué por la casa a la persona que las habría hecho escapar de Macondo, hasta que agotada de danzar por las salas sin encontrar a nadie volví a la habitación que ellas ocupaban. Al regresar para volver a verlas, estas se disponían a partir. Apenada abrí el libro para que volviesen a entrar... ¡Una sorpresa la mía al darme cuenta de que se escapaban por la ventana siguiendo dispersándose por diferentes direcciones! Las mariposas amarillas de Meme y Mauricio Babilonia salieron de la fantasía para anunciar primavera y amores. Afortunados aquellos que las encuentren.


sábado, 10 de marzo de 2012

El secreto deseo de su corazón era...

  A eso de las ocho mi pelo se recogía (aún lo hace) en una coleta alta que no dejaba en mi cara sin maquillar un rasgo que ocultar. ¡Vaya esperpento!, que pensaran algunos. Sin embargo me encontraba como diría un hablante anglosajón contentedly. Me hallaba con la espalda recta en la pared, sentada sobre mi colchón; que ahora se cubre con un edredón algo peculiar y que, todo sea dicho, me encanta. A un lado reposaba un libro antiguo de Goethe, concretamente el que narra las aventuras de Werther y Carlota. Tengo especial cariño a esa historia, ya no solo por la forma exaltada de narrar y describir tan típica de los románticos, sino por la manera en la que el protagonista se muestra ante su enamorada. Carlota es presentada como una muchacha de la que todas deberíamos tomar ejemplo, sosegada, dulce, alegre y con un grado más que aceptable de cultura general. Como es fácil suponer, Werther la adora desde el primer instante y la iguala a la categoría de los ángeles. La obra desencadenó todo un movimiento pasional en Alemania. Enamorados no correspondidos se suicidaron vistiendo un chaqueta azul y un chalequillo amarillo.
  Nada más lejos de lo que sucedería si ese libro fuese publicado en estos tiempos modernos en los que el amor ya no es sacrificado, ni platónico, ni sufrido, ni de difícil alcance. ¿Quién se queda un sábado entre clásicos? También se encontraba sobre mi edredón el diario que ahora guarda mis desventuras o La vie en rose como lo he llamado yo. Lo he releído como otras tantas veces, pues tengo por costumbre demorarme en mis recuerdos. En mis plácidos recuerdos. Mis páginas no se tiñen con la angustia del clásico, al menos ahora no. No obstante, guardan cierto parecido con este libro que compré a un precio de risa y que me venía con añadidos de sus antiguos dueños. Una no puede dejar de identificarse con esas pasiones que incitan a luchar hasta el final. Y no me quiero referir con esto a las necesariamente amorosas, aunque haya pensamientos de Carlota que comparta, sino a las pasiones que mueven nuestros días; ya sea una afición, un sueño oculto o una persona que interrumpió sin avisar en nuestra imperturbable calma. Me gusta pensar que en ocasiones, la literatura logra que nos sintamos comprendidos por autores lejanos a nuestro entorno y época, que en algunos de sus párrafos describen las emociones que nosotros, yo, no sabemos expresar. 

sábado, 3 de marzo de 2012

Recuerdos infantiles.

   Lo que me gustaba de Álvaro era su risa siempre silenciosa y sus maneras vergonzosas de contestar a mi desparpajo. Conocí a ese chiquillo; siempre tuve la manía de denominarlo así pese a que era un año mayor que yo; un verano de infancia. Su madre y mamá habían sido viejas amigas de universidad, que tras lustros se habían encontrado y como si el tiempo nunca hubiera pasado para ellas habían retomado su relación por donde la dejaron al graduarse. Álvaro venía con frecuencia a visitarnos, sus padres venían con él a la hora del café y a veces no se marchaban hasta después de la hora del whisky. Lo recuerdo como un niño tímido, al que me gustaba confundir con juegos de palabras inventados por mi intelecto de nueve o diez años. Durante nuestra niñez sospeché que sentía una fuerte antipatía hacia mi persona debido a mi tono elevado y chillón y a mis risitas de niña traviesa que él no entendía. Le gustaba hacer figuritas de papel; detalle que me enamoraría años más tarde. Construía caballitos y flores de colores que después regalaba a su madre o a mamá. A mí jamás me dio ninguna, hecho que siendo yo una muchachita pizpireta, me consumía y me incitaba a ponerlo nervioso cuando trataba de concentrarse en los diseños que haría con folios de colores. A pesar de mi incansable manía por estorbarle, Álvaro jamás me dirigió una mala mirada o pronunció una sola queja, era educado, era bueno.
    No me alcanza la memoria para precisar cuando dejaron de venir a observarnos sus ojos sinceros y suplicantes. Hubo unos meses en los que solo venía su madre, al parecer su matrimonio se rompía y ella no podía reconstruirlo sola. Lloraba, lo recuerdo porque solía quedarme escondida escuchando las conversaciones que tenían mamá y papá después de que se marchara. Sin embargo, los caprichos del destino no quisieron que la última impresión que Álvaro tuviera de mi fuera la de chiquilla repipi. Una navidad lo reconocí entre el gentío de unos grandes almacenes de Callao. Me había marchado a estudiar a Madrid, y según supe más tarde él también. Había superado en cierto modo su timidez, hablaba con una precisión léxica que me sorprendió y su tono era calmado, exento de excesiva entonación. Sonriendo me comentó que mi ridiculez había menguado, pero que mi expresión seguía siendo la de una niña perspicaz y traviesa. Lo invité a un valor. Hablamos durante toda la tarde sentados en una mesita de la chocolatería de la calle de San Martín. Después de ese día no hubo semana en la que no nos viéramos, hablábamos sobre asuntos banales que a nosotros nos parecían muy trascendentes, y de esa forma, juntos, éramos felices. Un día de mayo, me invitó a su ático en La Latina. Recuerdo que esa noche nos quisimos más fuerte que de costumbre. Él me dijo que se había enamorado. Yo por mi parte, lo entretuve con juegos de palabras, como cuando era niña, lo llamé chiquillo y me quedé con él. Lo que me gusta de Álvaro es que ahora sí me regala flores de papel, sigue riendo de forma silenciosa y algunos sábados me sorprende con entradas de teatro clásico.


lunes, 27 de febrero de 2012

While you’re busy making plans.

Hace tiempo que me pregunto si es posible desgastar un recuerdo. Si llega un punto en el que lo hemo revivido tanto que terminamos por cambiar completamente lo que nos ocurrió. Deseo con todas mis fuerzas que algún día sea posible ver nuestras memorias como una película, para rebobinanar hasta las mejores, pausarlas y poder examinar y disfrutar cada mínimo detalle.

Me emociona esto... y encima cuando se viste de novia canta en latín. Chapeau!

domingo, 26 de febrero de 2012

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.

Hace un par de días me encontré de nuevo con las obras completas del poeta chileno Neftalí Reyes. Leí su Coloquio maravillado, en el que Pelleas y Melisanda hablan dulcemente del inicio de su amor. Ojeé además algunas poesías de Canto General. Me recreé en las que dirige a Alberti, a Hernández y finalmente en la que desde el título parece dirigirse al lector: Tú lucharás. Este libro es a mi inexperto criterio de los mejores de su obra, no ya solo por la forma; que es en si misma una lección para aquellos que deseen aprender a escribir versos; sino por el fuerte llamamiento al inconformismo ante el mundo y a la esperanza que encierran sus palabras.
Sin embargo, no pude resistirme a recitar antes de cerrar el tomo algunos de sus  Veinte poemas de amor, esos que escribió con apenas veinte años y que se convirtieron en las estrofas más vendidas de la poesía hispana. Se esconden en ellos frases que han sido repetidas hasta la saciedad en infinitud de libros de texto, en miles de cartas de amor desesperado, en revistas de toda índole o en películas románticas. Personalmente la cita que más me gusta de entre todas es aquella con la que finaliza el poema catorce: ''Quiero hacer contigo // lo que la primavera hace con los cerezos.'' ¿Qué otra cosa puede desear un enamorado? ¿Qué mejor metáfora para expresar un amor que pelea por culminar? La primavera hace florecer a los cerezos. Es fácil imaginar a una mujer floreciendo también; radiante, viva, desterrando la melancolía invernal para embellecer con su presencia los meses primaverales. Me resulta gratificante pensar en un hombre que anhele ser el causante de un milagro como es el de decorar el mundo con flores nuevas. Pablo Neruda lo deseó; afortunada su amante,  y afortunados en menor medida nosotros, que de vez en cuando entre sus páginas podemos soñar con sentirnos ella, imaginando que algún enamorado nos hará florecer.