Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

domingo, 22 de abril de 2012

''Aunque seas de oro, vivirás en una jaula.''

 Vivimos en jaulas, algunos más que otros, pues tenemos la desdicha de darnos cuenta de ello... Todos los esfuerzos por enamorar, por sentirnos amados o valorados, por compartir y comprender, se ven minimizados al entender que la libertad que nos quisieron vender los grandes líderes y filósofos no es más que una suposición en la que debemos creer para no sumirnos en la más honda desesperación. En un mundo en el que Dios se ha extinguido, lo único que puede salvarnos es el pensamiento de libertad para actuar conforme a maneras de ser, para elegir si amar, y para construir un camino que suele terminar antes de lo que quisiéramos. Una vez que hemos comprendido que la vida tal y como la conocemos se acabará tras nuestro último aliento, y que no hay cielo ni ángeles que vayan a concedernos la inmortalidad, lo único que nos queda es pelear por instantes de eternidad. ¿Cómo lograr permanecer aun sin estar presentes? ¿Cómo luchar contra nuestras limitaciones y nuestros fracasos? ¿Cómo salir de la jaula? Quizás no se trate de salir de ella, sino de dejar entrar a alguien, a alguien que brille más que nosotros. Alguien dijo que además del arte, la forma más segura de eternidad es el amor. Igual al enamorarnos entregamos toda la energía de la que disponemos para eternizar al otro, para lograr que nuestro recuerdo perviva a su sombra. Nadie querría una vida sin amor, pero ¿y si nos contaran que pese a que hemos abierto la puerta de nuestra jaula la otra persona no puede escapar de la suya? Sería un espectáculo horrible, dos personas con puertas abiertas, deseosas de meterse en otro lugar pero incapaces de salir de su mundo. Dos almas condicionadas por lo que son, por los instintos y las experiencias que han ido superando, anhelando por encima de todo entrar en el otro, sufrir su dolor, cantar sus alegrías... ¿Sería posible abandonarnos para volar lejos de la jaula? Imagino que no, preferimos la belleza que irradia el oro, preferimos acumular tesoros... tal vez ni siquiera sea algo que podamos decidir nosotros, tal vez tenga que suceder una hecatombe que destruya de una vez por todas los barrotes de nuestro hogar...

No hay comentarios:

Publicar un comentario