Los días tristes nunca lo son del todo si no dejamos que lo sean. Se tornan grises, grises como el acero. Como el acero de Platero, el que describía Juan Ramón como Acero y plata de luna, al mismo tiempo. Plata de luna es lo que le pido a mi soledad, que ilumine el alma para transformarla en gris perla, que acabe con la niebla y las nubes del invierno. Plata de luna contra los desengaños y para los éxitos. Se habla mucho del valor del oro, brillante, soleado, poderoso, típicamente ganador. Hoy pido que no olvidemos esta plata grisácea y tímida de la luna que precisamente por tener un resplandor más apagado y tímido resulta más especial cuando nos alumbra.

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