Comenzaron a llenar la habitación, revoloteando por todos lados, iluminando mis pómulos con tonos dorados. Hacían un suave ruidillo al aletear inquietas de un lado para otro, que parecía anunciar la llegada de una primavera que como cada año regresaba amable a llenar de alegría los hogares. Bailaban guiadas por su propia melodía, creando un torbellino soleado en el que resultaba difícil adivinar dónde comenzaba o si tenía final. Hechizada por aquella danza natural que ejecutaban los insectos caí rendida sobre el colchón, respirando agitadamente. Me oí cantar sin ritmo, gritar sin palabras, soñar con la realidad que se presentaba ante mí en forma de mariposas. Su colorido cambiaba las tonalidades de mi habitación. Mi cuerpo desbordaba una felicidad que había olvidado enseñar. Ellas continuaban su exhibición, moviéndose de forma coordinada, mezclándose para crear figuras oníricas. Debido a mi exaltación me costó darme cuenta del lugar del cual se habían escapado todas aquellas mariposas amarillas. Se me antojó que en las diferentes formas de sus alas escondían un mensaje que yo debía descifrar. Fue suficiente una mirada fugaz a la estantería, que debido a mis invitadas se veía de un color áureo, para darme cuenta de que habían salido de uno de mis libros a dar una vuelta por el mundo de su inventor. ¡Pero yo no era su creadora, y sin embargo, allí estaban, centelleando a plena luz del día, invitándome a querer! Busqué por la casa a la persona que las habría hecho escapar de Macondo, hasta que agotada de danzar por las salas sin encontrar a nadie volví a la habitación que ellas ocupaban. Al regresar para volver a verlas, estas se disponían a partir. Apenada abrí el libro para que volviesen a entrar... ¡Una sorpresa la mía al darme cuenta de que se escapaban por la ventana siguiendo dispersándose por diferentes direcciones! Las mariposas amarillas de Meme y Mauricio Babilonia salieron de la fantasía para anunciar primavera y amores. Afortunados aquellos que las encuentren.

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