Hace un par de días me encontré de nuevo con las obras completas del poeta chileno Neftalí Reyes. Leí su Coloquio maravillado, en el que Pelleas y Melisanda hablan dulcemente del inicio de su amor. Ojeé además algunas poesías de Canto General. Me recreé en las que dirige a Alberti, a Hernández y finalmente en la que desde el título parece dirigirse al lector: Tú lucharás. Este libro es a mi inexperto criterio de los mejores de su obra, no ya solo por la forma; que es en si misma una lección para aquellos que deseen aprender a escribir versos; sino por el fuerte llamamiento al inconformismo ante el mundo y a la esperanza que encierran sus palabras.
Sin embargo, no pude resistirme a recitar antes de cerrar el tomo algunos de sus Veinte poemas de amor, esos que escribió con apenas veinte años y que se convirtieron en las estrofas más vendidas de la poesía hispana. Se esconden en ellos frases que han sido repetidas hasta la saciedad en infinitud de libros de texto, en miles de cartas de amor desesperado, en revistas de toda índole o en películas románticas. Personalmente la cita que más me gusta de entre todas es aquella con la que finaliza el poema catorce: ''Quiero hacer contigo // lo que la primavera hace con los cerezos.'' ¿Qué otra cosa puede desear un enamorado? ¿Qué mejor metáfora para expresar un amor que pelea por culminar? La primavera hace florecer a los cerezos. Es fácil imaginar a una mujer floreciendo también; radiante, viva, desterrando la melancolía invernal para embellecer con su presencia los meses primaverales. Me resulta gratificante pensar en un hombre que anhele ser el causante de un milagro como es el de decorar el mundo con flores nuevas. Pablo Neruda lo deseó; afortunada su amante, y afortunados en menor medida nosotros, que de vez en cuando entre sus páginas podemos soñar con sentirnos ella, imaginando que algún enamorado nos hará florecer.

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