Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

domingo, 6 de mayo de 2012

Vitalismo.

Existe una única vida, esta. La que pasa mientras tú lees esto y yo lo escribo. Lo cierto es que no conozco nada más allá de ella y me resulta imposible concebir un universo con más fantasías y realidades que la vida que amanece cada mañana con nosotros. Apoyo de forma incondicional a aquellos que censuran a la sociedad, al ser humano modernísimo que persigue el progreso y huye de la sencillez. Me parece razonable esa corriente pesimista que llora ante un mundo pésimo, alabo a ciertos rebeldes de la historia, a los artistas tenebristas, a los escritores de denuncia, a los líderes alejados de la política... Sin embargo, detesto enormemente a los que culpan a la vida de sus males, a los que pese a los siglos siguen creyendo en el  tópico medieval del lacrimum vallei. La vida es bella y si puedo añadir algo más, también es generosa. Nos dotó no solo de inteligencia, sino también de imaginación para poder soñar realidades que la naturaleza no había logrado crear. Nos ofreció además de entendernos mediante la palabra, crear un sistema que con apenas diez números es capaz de darle un poco más de coherencia a lo absurdo de la existencia. Lejos del propio hombre, se formaron montañas que brillan nevadas bajo el sol, cielos que cambian incesantemente y se muestran iguales ante cualquier pequeñez que se halle bajo ellos y mares que se presentan en forma del tan buscado Fin del Mundo. La vida es bella, qué ironía, porque nos muestra la fealdad de la muerte y la oscuridad de los desastres, para que así los instantes de belleza sean motivos de alegrías infinitas. Es maravillosa porque no estamos solos, sino rodeados de millones de almas como la nuestra, y sin embargo, nos da la posibilidad de destacar. Más allá de lo físico, de lo perceptible, agradezcámosle al mundo el enseñarnos a querer, a valorar y a cuestionar. Dediquémosle una sonrisa a las flores de vivos colores y a las que comienzan a brotar, a los rostros desconocidos que parecen cansados, a las nubes de formas estrambóticas, a las oportunidades y a las esperanzas perdidas que dejaron paso a otras nuevas. La vida es maravillosa, a ratos incomprensible, asfixiante, molesta, pesada, no obstante... ¿quién no suspira por una última visión del mundo antes de abandonarlo para siempre? ¿quién no desearía prolongar su vida para continuar descubriendo destellos de esplendor? 


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