Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

martes, 19 de junio de 2012

Tú.

He perdido toda mi valentía, si es que alguna vez, como me dijeron, la tuve. Tengo mucho miedo. No solo a él, que al fin y al cabo ¿quién no lo tendría? Tengo miedo a fallar en la decisión de irme, a defraudarte aún más, a no saber cómo decirte que te quiero sin que pienses que necesito un beso. Quiero abrazarte muy fuerte, como lo hago siempre, llorar en tu hombro, decirte ''niño bueno, voy a echarte más de menos que a nadie''. Pero ya no eres mi pichiruchi, ni quiero ser tu niña mala, porque las niñas malas no saben querer, y yo deseo hacerlo. Te mereces a una pequeña princesita, que no se maquille para ocultar las heridas del orgullo, que no escriba para ocultar los pensamientos inadmisibles de su odio. Te mereces que te llamen ''amor'' y no ''cariño'', que te digan ''te amo'' y no ''te quiero mucho, como a tantos otros''. Me gustaría que te hicieran llorar haciendo el amor, y soy consciente de que yo nunca conseguiré tal proeza, debido a que yo tampoco lloraría. Necesitas a una mujercita calmada, que no hable más de la cuenta, que sonría con timidez, que no llore cuando el mundo le devuelve las malas pasadas que ella le ha jugado a los demás. Si ahora me refugio en otras palabras es quizás porque no damos más de sí. No soy capaz de escribir. Ni de escribirte, estoy frustrada. Se me ha ido la mínima gracia que tuve. Me desespero. Cierro el blog.

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