Siempre creí en ti, supongo que lo seguiré haciendo aunque ahora, paradojas de la vida, desesperada. Todas las personas se merecen que alguien crea en ellas. Se habla mucho de la auto-realización y la autoestima, pero por mucho que se guste uno a sí mismo y que confíe en sus posibilidades siempre necesita unos brazos firmes en la que apoyarse cuando los fracasos ahogan la propia existencia y un rostro de orgullo ante triunfos inesperados y merecidos. Los éxitos no saben bien en soledad.
Cuando al escritor José Saramago le comunicaron la concesión del Premio Nobel se encontraba solo en un pasillo frío de aeropuerto. ''¿Cómo se sintió al conocer la noticia del Nobel señor Saramago?'' ''Me sentí mal, estaba solo y no podía compartirlo con nadie.'' Supongo que hubiera deseado que Pilar estuviera allí con él mejor que aquellos periodistas que le esperaban a la salida del avión con fingido entusiasmo.
Creo en ti, en las personas en general. Son ellas las que han creado todo lo que conozco y conoceré, son las que provocan los desastres de mis guerras internas y las que me ayudan a aprender de ellas. Soy un poco de cada ser humano que ha pasado por mi vida. Robé coletazos de ideas de genio, memoricé sonrisas que me hacían feliz, capturé expresiones interesantes y copie gestos que jamás llegué a entender del todo. Me gusta pensar que ellas también cogieron algo de mí, no podría soportar la idea contraria. Me gusta que aunque no sean los más, aun quede alguien que crea en Carmen, porque yo continuo creyendo en una gran variedad de personalidades y nombres que prescindo escribir, pues no me gustan las públicas dedicatorias. Nos hacemos unos a otros, y ¿la originalidad o la unicidad? María dice que eso no es más que llevar a la máxima perfección todos los modelos que nos han sucedido. Yo no podría estar más de acuerdo con la profesora de arte.






