Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

lunes, 1 de agosto de 2011

Y los Romeos se demoran, y las Julietas se desenamoran.

¿Cómo lo olvidé? No lo recuerdo, sin embargo, no es tan horrible dejar de pensar en algo que nos gustó mucho por un tiempo, es genial reencontrarse con ello meses, años, después. Alguien opinó ''mas alto'' y el coche comenzó a empaparse de letras mágicas, imaginé que si algún día tuviera un vehículo lo decoraría muy mío, con palabras o símbolos muy enredados. Las melodías pasaban junto a los pinares, el sol se despedía de la tarde, sonreíamos, sosteníamos entre nuestros dedos todas las maravillas alcanzables, ¡que afortunados de escuchar al mago!, bailábamos al son de los baches de un camino polvoriento, encontré a la felicidad sin buscarla. Maravilloso poeta. Fantaseé con mis amores, sonreí con amigas, grité las palabras que salían del altavoz. De nuevo tú, Joaquín Sabina, sin perder la costumbre de unir generaciones separadas por décadas de travesuras, cuántos textos sin nombrarte, resurgiste por sorpresa, nunca moriste en mi incoherente vida. Dijiste aquello de ''las mujeres que se van, se quedan en el camino'', asentí, otros rieron, no sueles equivocarte, no obstante para tornar a la pena gratitud, conseguiste que por primera vez murmurara las mas de cien mentiras pensando en cada una de ellas. Como en tus conciertos, tiramos las pastillas para no soñar, dormimos despiertos, encantada de oírte de nuevo, viejo y joven amigo.

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