Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Dame una sonrisa de complicidad.

Podría escribir palabras sueltas que sonaran musicales, componer unos versos con vocabulario rebuscado sin ningún sentido. Podría hablar de mí, decir que tal o cual niña me enciende los nervios debido a sus ganas de pasión por pasión. Podría hacer comparaciones estúpidas y entrañables, ser una sentimental, decir que echo de menos a más de uno. Podría haceros leer que estoy enamorada y que es perfecto todo, pero que narices, ¡no lo es!, podría hacerme fotos, retocarlas hasta que mis rasgos no se diferencien y colgarlas una tras otra para mostrar mi falta de complejos, aunque lo cierto es que tengo muchos y además no soy sueña de una cámara enorme con un gran objetivo. Podría hacer creer a algún despistado que las letras son lo mío añadiendo léxico complicado y sintaxis que ni yo entiendo, ¡sin embargo solo imito a otros mejores que ellos no leen! Podría decir que ser feliz es lo que prima, que llorar es útil y que amar duele, ¿de que serviría si ya lo sabéis? Podría decir que fulanito o menganito es mi vida entera, y es que no... mi vida entera no la compongo ni yo. Podría copiar un fragmento de película popular, no obstante eso sería plagio y además no me haría sentir romántica. Podría colgarme medallas de buena persona generosa, pero mi egoísmo me puede, y la palabra escrita no me permite mentir. Podría estudiar medicina, ingeniería de caminos, arquitectura, física cuántica, bioquímica... sin embargo como no entiendo nada, ni veo que vaya a morirme de hambre por ello, pese a lo que digan los futuros triunfadores, me decantaré por el lenguaje, que al fin y al cabo es lo único que lleva acompañándome todo el camino. Podría, podría, podría... ¿para qué? No me apetece hoy, mejor dejarle a cada cual su tarea, y encargarme de realizar las mías, sean cuales sean...

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