Lo primero que vi al abrir los ojos fue su ausencia, de nuevo solo, desnudo, tumbado de manera casi ridícula y con un dolor de cabeza que superaba en magnitud al sentimiento de pérdida. ¿Cariño, estás ahí? Un papelillo arrugado y sucio fue la respuesta, Una noche divertida, llego tarde. Con la vista nublada del incansable perro abandonado, busqué un teléfono que no había apuntado en ningún rincón de la desolada habitación. Me había dejado restos de rimmel en el almohadón y un camino de colillas y cervezas al rededor de la cama que me sonreían con ironía. ¿Rubia? Otro espíritu demasiado joven para mi carácter cascarrabias y algo cansado. ¿Cuántos amores de una noche me quedan hasta encontrarte?, ¿Quiero encontrarte? ¿Puedo hacerlo? Para desayunar abrí el cajón de la melancolía y las noches perdidas, allí estaba mi alegría momentánea, ¿Un poco de verde? Mejor esta vez todo para mí, se acabo compartir los bienes, noté como las caladas llenaban mis vacíos, sabía que no duraría mas de unas horas, ¿Carpe Diem? Demasiados años agarrándome al tópico adolescente, igual nunca entendí su significado auténtico, y me comporté como un jovencito inmaduro. Obtuve tos seca y lágrimas duras del que se creyó cultivado y superior a otros demasiado pronto. ¿Bonita?, ¿Tetis?, ¿Amor?, ¿Morena?, ¿Pequeña?, ¿Mayorcita?, Os habéis dejado a vuestro dandi romanticón aquí, ronco de gritar a la madrugada palabras vacías de cariño a señoritas que no buscan compromisos. Volví al colchón, sin compañía, mareado, sin ideas claras, muerto de miedo, cargado de orgullo.
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