Benito solía decir, la memoria es traicionera, y no se equivocaba. ¿Cómo medir la intensidad de un recuerdo? ¿Por su belleza? Probablemente, ¿Quién decide lo que es bello?. Todos tenemos miles de recuerdos paseando por nuestro cariño y nuestro odio, días especiales que marcaron de alguna manera un antes y un después en la forma en la que el mundo nos abrazaba. ¿Se puede tener uno favorito?, ¿Es posible decir ''me gusta este, es el mas bonito de mi vida, ese que, como dirían los cuentos, querré recordar por siempre jamás''? Ni que decir tiene que si me hago esta pregunta ya he pensado muchas veces en su posible respuesta, en mi posible contestación a semejante interrogante. Tengo un recuerdo favorito. En contra de toda suposición, no es un atardecer en el que un Sol enorme se llevaba todo el azul que encontraba a su paso y escupía tonos cálidos, no es mi primer día de colegio, aún menos de instituto, tampoco mi primera vez, o la cuarta, o la décima, pese a la cantidad innumerable de maravillas indescriptibles que cada pasión con el amor guarda, no se trata de unas olas enormes rompiendo en el fin del mundo, ni de un logro después de muchas caídas... Mi recuerdo preferido es un bostezo, un simple, aburrido, redondo, encantador y único bostezo en una carita de bebé mayor que solía, ¡joder!(lamento la expresión), que suele enamorarme y llevarse todo cuando tengo, ya sea fantástico o temible. Un bostezo acompañado de un pelo revuelto que parecía decir ''Buenos días, gracias además por la buena noche en compañía de tus sueños''. Sólo sonreí, lo miré como una mami que mira a su hijo recién nacido por primera vez, fuera un paisaje nevado competía contra nuestra belleza privada y particular, qué importaba, aquella naturaleza no tenía nada que hacer contra lo adorable que te pones cuando acabas de despertar. He recordado ese instante cada día desde que tuve la suerte de vivirlo, de vivirte a ti en parte, de compartir días y noches con el amigo, amor, persona que mejor me ha conocido, y si se me permite ponerme cursi como nunca antes,diré que amar no era una mala definición para mi obsesión por sus formas, sus metas y sí, también sus malditos defectos. Pero sigamos con mi, con tu, bostezo, hoy no me importa excederme escribiendo, solo aquí puedo refugiarme de la inseguridad que se come mis días y me regala soledad, necesitaba quedar constancia de la felicidad que aún me produce recordarlo, mi vida, ¡y qué mas da lo que digan todos, y qué me importa lo que sientas tú! Soy un egoísta, sí, pero solo contigo, y es que pese a lo marchitas, rotas o lejanas que estén nuestras esperanzas, tu amor sigue moviendo mi mundo. Tus gustos los he hecho míos, tus expresiones me hacen reír pese a no oírlas salir de ti, los chow chows se burlan de mí por la calle y me me aferro a lo ardiendo para saber una minúscula parte de tu día a día. No volverás, lo sé, sin embargo la Eternidad me martiriza cada noche hablándome de cierto sueño, Roma... Nunca fui tan fuerte, tú por suerte si lo eres amor, vive todo lo que me prometiste por mí, ten memorias de las que te sientas orgulloso, haz una película, una casa, un cuento, una vida que todos envidien, y aunque no leas esto y aunque suene absurdo, vuelve a por mí cierto nueve de diciembre cuando cumpla la edad fijada.

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