¿Por qué no logro transformar mis lágrimas fáciles en sensibilidad que merezca la pena narrar? Solía consolarme pensando que soy joven, y que muchos antes se consagraron pasando los diez lustros de vida, ya lo dijo quienquieraquefuese ''quien no se consuela es porque no quiere''. Creo que la poesía es para la juventud, nunca tuve valor, tengo miedo a estropear mis escasos logros literarios. No puedo evitar suspirar a la nada al escuchar al poeta del pueblo, Hernández, cantando la muerte de un cuerpo querido, ''No perdono a la vida desatenta'' repite Serrat... Me parte la alegría de a pie de calle escucharlo, cada palabra abraza a las que la suceden siendo imposible incluso para el propio Miguel separarlas. Me siento miserable relatando una elegía de la que jamás formaré parte, pero no tengo mas que a literatos para acompañar a la incertidumbre que se presenta ante mis criterios; sigamos con el republicano del veintisiete. Con veinticinco se dejó llevar por el viento del pueblo en aquellos años turbio y deshecho en soplos de violencias de una guerra que como todas, me ceñiré aburrida al tópico, hizo llorar a párpados que no veían el por qué de semejante destrucción. El manejo de la rima es ya por si solo un juego difícil de ganar, y sin embargo, de la nada Miguel Hernández cosechó merecida fama y compromiso con una sociedad que probablemente no le recibió como a tal artista le fuera merecido...

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