Por una vez, no lloraban las pestañas maquilladas, ni los ojos pequeñitos que brillaban con lágrimas largas que bajaban por el cuello y se metían dentro de vestidos. Lloraba la fuerza, la templanza, la rabia, el amor, y no supe como comportarme, eran demasiados recuerdos de llantos solo femeninos. No hablaríamos de aquella tarde nunca mas, y siempre lo he preferido así, escribía Bécquer eso de ''los suspiro son aire y van al aire, las lágrimas son agua y van al mar...'' Si las nuestras algún día llegan al océano, compremos un barco y enamorémonos entre medusas y arrecifes.
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