Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Come on hold my hand...

Una larga hilera de apretados locales utilizados para innumerables y dispersos hogareños negocios soportan el ahora frágil esqueleto de inclinadas calles que en otro tiempo mantuvieron una estrecha relación con el bullicio popular, el dialecto mas recóndito del pueblo y los mas vitalistas colores. Así, puedo imaginar a señoras vestidas con remendados vestidos y delantales acudiendo allí a poner la enésima tapa a un raído zapato. ''¡María, ¿dónde te has metío de acá pá' tras?! ¿Mu mala?, ¡Ay, lo siento hija! ¿Y ahora como andamos? Bueno, ponte buena. Ala, ala, adiós...'' Niños semidesnudos en verano brincando de un lugar a otro tratando de cumplir con desgana los encargos de sus madres. Deteniéndose casi por costumbre frente al escaparate de la amable juguetería a alabar, algo resignados y siempre guiados por la fantasía, los nuevos modelos de sus señores de guerra favoritos, las maquetas de tanques o aviones. ''¿Lo ves?, ¡Lo que daría por tener uno así! Mi padre dice que si me porto bien a lo mejor algo cae...'' Percibo el aroma del humo del tabaco puro que sale de los arrugados labios de los viejos sentados en un banco oxidado; mirando melancólicos a los chiquillos o comentando la excelente manera en la que las curvas de alguna joven se disponen. Recordando anécdotas de su lejana adolescencia.
Fijándome en el consumido suelo, hallo soledad en lo que unas décadas atrás pudo ser una fiesta de pies provincianos. Un par de botas con tacón, unos zapatos comunes, tal vez unas diminutas zapatillas, es todo cuanto ahora se observa. Encuentro detalles cautivadores en las fachadas mas escondidas a las que miro, balcones comidos por macetas de flores y pinturas lívidas ante el paso del tiempo ojeando mi alma desde el techo de una acera cubierta; sujeta también por tiendas: a un lado algunas en funcionamiento, de fotografía o turismo, al otro, salas que encierran secretos del pasado que nunca me serán revelados. Me desgarra las emociones ver casi con lupa los tranquilos e impasibles pasos con los que anda, sigiloso, el tiempo, sin que nos detengamos a analizar cada minuto que vivimos, ignorando que, tal vez dentro de sesenta años, una inexperto espíritu se detenga, cámara en mano, ante lo que fue nuestra vida diaria, a retratar el polvo que el futuro se ha olvidado de barrer... 

1 comentario: