Sacude la cabeza con fuerza, trata de recordar las afirmaciones que un día él le hizo sin embargo sabe que pese a que tardase en ocurrir, el hecho era inevitable... ¿Y que debía hacer? Nada, ella misma le hubiera recomendado a un amigo a aquella chica para vivir un amor...
Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.
viernes, 10 de diciembre de 2010
Oh, baby, baby, it's a wild world
Con desdén dio un largo y despechado trago a la copa de la envidia, ¡puaj! Realmente sabía muy mal, excusándose por la falta de educación escupió con ira el acerbo líquido que había logrado quedarle un amargo sabor entre los labios. Ella estaba estilizada, era guapa, inteligente... Contra las opiniones que el resto pudiera tener no era eso lo que le preocupaba. Era la ancha y limpia sonrisa, sus maneras infantilmente entrañables de enfadarse por problemas triviales con el menos culpable del asunto, la forma sincera y la fingida madurez con la que se ofrecía a escuchar la absurda palabrería del que lo necesitara. El cautivador color que dominaba en sus iris haciendo de sus mirada algo grande dentro de un cuerpo tan delgadito. Sus eternos celos hacia ella provenían de verla tan parecida a si misma pese a sus inumerables diferencias fisicamente. Si él la quería, sin duda debía quererla también a ella mucho, pues el interés de ambas era el mismo, con una terrible diferencia, la niña había alcanzado un par de años antes lo mismo que ha ella le enorgullecía de su persona. Y no podía culpar a cualquiera que deseara abrazarla muy fuerte y pasar una tarde a su lado, no tenía ningún derecho a decidir como repartir el cariño de otra alma y mucho menos negar que quisieran a aquella persona, era estupenda, era tan consciente de ello.
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