Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.
martes, 14 de diciembre de 2010
Just the way we are
Las apariencias engañan. Lo sabemos, yo, tú , ese que lee con pasión un abultado libro y aquella que se da los últimos retoques antes de salir de casa a mostrar su imagen al mundo. ¿Por qué es, entonces que a nadie nos importa? Como una conducta animal nos es difícil no inventar una personalidad a nuestro antojo de la persona que nos hemos cruzado por primera vez. Dicen que los extraños nos ven como realmente somos, aunque eso me sugiere lo mismo que un secreto a voces... Intuición, no negaré que en algunos casos particulares no falla, sin embargo de vez en cuando ponemos cruces, tachamos sin orden ni criterio nombres de una lista que nosotros mismos hemos creado. Simpatizamos con quien nos sonríe aunque no intercambiemos con esos nada mas allá de un saludo cotidiano. Las personas no nos decepcionan, nosotros tenemos el listón en lo mas alto, rozando los astros y miramos desde ahí a posibles candidatos para saltarlo. Es laborioso encontrar mentes tan altas ... Como por arte de magia creemos que poseemos un grupo específico que superan con creces nuestra barra y otros que no lograrían ascender ni un palmo por encima de la superficie. Y es entonces cuando las poderosas hadas tiran con fuerza de la cinta que nos tiene oprimida el alma dejándonos disfrutar de obsequios internos que muchos quieren regalarnos, cuando nos damos cuenta de que no hay modelos perfectos a los que buscar parecerse, ni brujas pi-rujas que deseen comer de nuestro sabroso plato de éxitos, solo seres extremadamente parecidos a nosotros en lo referente a temores, tanto que a veces los expulsamos de nuestra vida porque nos duele ver desde fuera nuestros temibles defectos...
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