A veces me veo morir cuando intento rasgar la tela invisible con la que me separo del mundo. Me observo desfallecer con la delicadeza propia de los últimos chubascos en primavera y esta risa manipulada no alcanza para sujetar el mundo. A menudo he soñado con matar al padre para huir de aquel invernadero de hormigas rojas al que llamaron posiblidad. Solía caerme en el asfalto más derretido de Madrid buscando aquellos susurros que dejaban tus suelas al acariciar al suelo. Me gustaba vivir en eterna esperanza de recuperarte, vida. Una vez me pareció observarte bailar en el espejo de otros ojos.
Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.
martes, 27 de mayo de 2014
Ingravidez.
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