No escribas cuando soy inconsciente,
quiero el paraíso perdido de las islas
más oscuras y recónditas de la consciencia.
Me devolvieron la fuerza para rallar
esta miseria moral a la que llaman
mi vida
decían los ilusos que con esos fonemas
crónicos me anunciarían el cariño perpetuo.
Mátame sin feminismo, odiemos los versos
de aquel roedor albino, no somos mejores.
Que llegue el mundo a aplastarme
con las sobras de mi muerte.
No huyo.
Aquí
me
consumo.
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