Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

domingo, 1 de junio de 2014

Confundí su cariño con mis ganas de querer y su sarcasmo con sonrisas sinceras. Solía invitar a tomar whiskys rebajados con agua, era su bebida favorita, y aunque nunca fumé, desde que nos conocimos llevaba siempre un paquete de cigarrillos encima para que saciara su sed de muerte.

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