Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.
sábado, 18 de junio de 2011
Ui!
Tengo la costumbre de hablar muy rápido, en exceso, regalando información que sobra, gesticulando de mas y escuchando de menos. Suelo reír muy alto y sin sentido, sola entre caras interrogantes que no entienden las gracias, los chistes o las palabras sinsentido que me provocan carcajadas. Sonrío al por mayor a cualquiera que pase por mi mirada, en especial a los pequeños y me quedo embobada con el encanto infantil, doy la impresión de rubia tonta, o loca, alejada de ser una mujer fatal y cercana a heidi o a cualquier personaje de niños. Mi extraversión es irritante para algunos y adorable para otros, me doy a conocer a quienquiera que esté taciturno a mi criterio, y me siento acorralada entre líderes adolescentes con dudosa carisma. Soy una maniática, tiendo a abrir ventanas, a lavar la ropa y a ducharme después de haber olido algo frito, vivo con cola-cola en mano y café entre los brazos, me levanto a las ocho para averiguar como se presenta el día, y si lo siento prometedor me quedo bailando hasta la hora de desayunar y si es gris duermo para mas tarde dar cabezadas entre novelas. Me enfada el excesivo interés mal fingido, el desprecio hacia la literatura, y mi nula capacidad artística. Si algún día salgo bebo vodka muy cargado, para enderezar mi alma dulce, creyendo que el alcohol me hará mas fuerte. Vivo a destiempo, soy una romántica de las que sueñan con ramos de rosas rojas y cometas en el cielo, y sin embargo realista y defensora del determinismo biológico, propensa a la tristeza que ese pensamiento provoca. Como todos, sueño con el éxito, mas amoroso que de cualquier otro tipo, claro, soy una celosa enfermiza, lo asumo, lo admito, y cargo con las culpas, mi ánimo es caótico, se revela contra la vida de los demás asfixiando su serenidad, hablando cuando nadie quiere, o necesita, escuchar, y callando sumiso en momentos en los que serían de utilidad algunas palabras diferentes. Ando mas necesitada de cariño que de cualquier otro sentimiento, busco un amigo que me llame cada día para asegurarse que sigo siendo yo, que me regale algo que haya tardado tardes de esfuerzo e ilusión en elaborar, que venga a merendar sorbetes de mango y frambuesas y después decida llevarme a bailar, y es que no, un novio no, un amigo que me siga donde me vaya, que se caiga conmigo para compartir el dolor y que vuele alto sin miedo a caer. Estoy llena de energía, bailo, imagino y hoy por hoy a veces escribo.
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