Podías sentir la manera en la que sus formas te abofeteaban furiosas sin motivos aparentes.
Oías a tus cabellos gemir ante la rabia de sus dedos enredados entre ellos, tirando hacia detrás, haciéndote gritar de dolor.
Tratabas de apaciguar sus iras acariciando con dulzura tus manos enrojecidas por la frustración. Las lágrimas te vencían sin escrúpulos, y herían tu orgullo y aumentaban su egoísmo.
Hundías los pies en un fango infinito del que no había posible escapada, y sentías a tu cuerpo estirarse mas de lo que en condiciones normales le hubiera sido posible, tus palabras se asfixiaban hasta negarte Vivirte.
Morías lentamente, con los ojos abiertos y el corazón en la boca, mustio, seco.
Cansada de estar cansada, desencantada con lo bueno y sin embargo también con lo malo...
Llovían golpes, pero ya habías cerrado los ojos, para no ver, para no mirar, para escapar...
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