Cuando por última vez, aunque vuelva a parecer primera, acabas con el punto final de esa obra maestra, paras un tiempo: segundos, minutos, horas, días ..., y caes en la cuenta de que todo cuanto has vivido se resume en ese libro de mil y pico páginas. Las ideas que has defendido durante años, los criterios que antepusiste a cualquier forma de serenidad, las personas por las que apostaste, todo, huyen sin remordimientos de tu anciana persona. No ha sido mas que un engaño, la energía se te escapa, la muerte parece que empieza su tarea y resurge de ese lugar donde siempre se ocultó. Recuerdas tus primeros amigos, los compañeros en su momento leales que estaban dispuestos a sostenerte y seguirte en las mas osadas tonterías. Cada uno partió donde sus intereses brillaban con mas fulgor, no volviste a conocerlos, saludos rápidos y despedidas nostálgicas fue lo mas digno que quedó de esas amistades invencibles para el niño que eras. También encuentras fotos, pequeños detalles que dejan averiguar aquellos sueños entre nubes y palacios a los que confiaste tu alegría, tu trabajo e infinitas ganas ... no queda ni una mota de polvo que te haga pensar que triunfaste en alguno de ellos, los abandonaste como se abandona al peluche compartidor de pesadillas y de histerias en la niñez. Desesperas, al reconocer que tu mayor esperanza, ese detalle maravilloso que creíste podía protegerte del mundo, desapareció junto con todo lo demás. El amor nunca ha movido el universo, te dignas por fin, con el rabo entre las piernas, como un chiquillo atormentado ante un castigo, como un empleado que espera su despido, a reconocerle a los realistas o tal vez a los que jamás se enamoraron, que tuvieron razón al aconsejarte no ser para otra persona. Has disfrutado de la insignificancia mas importante de todas, que es la vida de una persona, y como una mas has reído contento ante lo bueno, has llorado la decepción de enterrar tus deseos, te has revelado contra las injusticias, has regalado tu alma al enamorarte, has dejado a las artes moldear tu imaginación ... Agarras fuerte el libro que guarda el espíritu idealista del caballero andante y con la decencia débil que aún guardas te dejas morir por la melancolía de Alonso Quijano ...
-Señores-dijo don Quijote-, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros de hogaño. Yo fui loco, y ya soy cuerdo...
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