Querida amiga, ¿cómo te va todo?, ¿estás disfrutando mucho de este sol que nos regala el clima últimamente? Espero que si, luces preciosa cuando él está decorando tu entorno. Siento mucho no haberte ido a visitar desde hace tanto tiempo, ¿un par de meses tal vez sin vernos? Soy muy descuidada, espero que me perdones. Verás he estado muy liada, ¿como decirlo de otra manera? Es posible que haya estado preocupada por como salvar tu historia, la nuestra, la de aquel verano disfrutando de un refugio oculto para el resto de personas. Sin embargo mis jaleos sentimentales no han podido hacer nada para que el pasado continué hasta un lejano futuro. ¡Pero tranquila! Tu recuerdo sigue guiando en cierta manera mi particular manera de vivir, te agradezco tanto todo lo que has hecho por mi... Eres fantástica, mi País de las Maravillas, o de la Felicidad. Me has dejado ser la princesa Car, has consentido que pisotee por tus sendas y que imagine a tus habitantes. No solo eso, ¡claro que no!. Me has hecho creerme protagonista de un libro de fantasía realista fabuloso, te has convertido en mi lugar favorito en el mundo, mi refugio secreto, mi desahogo, allí a donde puedo acudir para hablar contigo y contarte lo que han cambiado los acontecimientos, o que todo sigue igual. Tú, como siempre me escuchas calmada, sin preguntar nada hasta el final de mi monólogo, inquiriendo cuestiones muy muy bajito, susurrándome como sería la mejor manera de actuar de acuerdo con mi forma de ser. Iré a visitarte pronto, lo prometo, ya sabes que suelo cumplir las promesas que te hago, Siempre, pase lo que pase. Es verdad que la última sigue en el aire, pero no te agites dentro de unas pocas semanas iré a bautizarte, ¡sé que estás deseando que llegué ese momento, bien: yo también! Esta vez lo haré sola, me refiero a lo de darte lo que te mereces, a otorgarte tu nombre de manera oficial, sin embargo estoy bien Wonderland, has sido mi mejor regalo de todo aquello, y a ti nadie puede hacerte daño. Te echo de menos compañera de ilusiones, muchísimo, a ti y a tu calma, a tu manera reconciliadora de arreglarlo todo sin articular palabra o frase. Sé que siempre te hago esperar, no obstante esta vez creo que valdrá la pena el atrasar nuestro encuentro unos cuantos días, te quiero, recuérdalo hasta que corriendo vaya hacia ti a confesartelo.

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