Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

martes, 10 de mayo de 2011

Mujer leyendo.

Y juré que algún día, si me volvía valiente y un poco mas fuerte, le tiraría un millón de tizas a la calva pobre y ridícula que asomaba por su coronilla. Le haría soportar la rabia, ¡y sobre todo! la humillación que suponía para mí cada ruidito insolente y estúpido que hacían sus dedos al escribir en la pizarra fórmulas indiferentes al mundo. ¡Bienvenidos niños robots! ¡Buenas tardes mentes moldeadas y aburridas! La insolencia que mostraba al pronunciarse torpemente con un habla que escondía múltiples incorrecciones me resultaba inaguantable. Cuantos títeres habría como él, que pese a tener un vasto campo de conocimientos asentados no logran construir una conversación exenta de atropellos, faltas de estilo, semántica errónea...


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