Los recuerdos al fin y al cabo son más fantasía que realidad, más de cosecha propia que de mera objetividad del momento. ¿Dónde está el pasado del que nadie habla? Se esfuma a medida que el presente se queda atrás... ¿y tantas vidas barridas por el tiempo? ¿y tanto tiempo incomprendido por el hombre? ¿y tantos hombres olvidados? ¿y tanto olvido rescatado? Me intriga el presente, pues no es más que un escalón intermedio entre el futuro prometido que nunca llega y el pasado transformado que se nos antoja mejor.
Carpe Diem, quam minimum credula postero, escribió Horacio. El mañana es incierto, ¿pero no lo es también el ayer? No podría asegurar cuales fueron mis palabras exactas al escuchar frases que quise recordar, ni la emoción que sentí ante diferentes circunstancias que en mayor o menor medida cambiaron mi persona. Es por eso por lo que el ser humano inventó la escritura o la pintura, y más adelante la fotografía, el cine. No soportamos la idea de quedarnos sin historias al mirar atrás. Algunos dicen que escriben para gustar, otros para desasosegar, otro más incoherentes que por amor al arte... La verdad es que todos lo hacen porque temen al olvido, porque; como todo el género humano; están sedientos de inmortalidad... Yo escribo para recordar. García Márquez afirmó alguna vez que quien no tiene memoria se hace una de papel. Es posible. En el papel, en las palabras, cabe la vida de un pobre hombre madrileño, las historias de musas, los cuentos de estirpes condenadas y las memorias de un pobre autor enamorado. Me gusta escribir porque las letras no te obligan a contar la verdad, te dejan añadir epítetos, detalles inventados, metáforas que poco tienen que ver con la realidad. La Literatura permite hiperbolizar lo hiperbólico, satirizar sin motivo, inventar lo real y hacer real lo inventado. ¿Quién podría negar que la fama de
Hamlet, príncipe de Dinamarca, es mayor que la de cualquier rey contemporáneo? Los recuerdos desaparecen para nosotros, pobres almas torpes y orgullosas en busca de una gloria que nunca llega. Sin embargo, la imaginación esquiva al olvido, recorre los siglos sin que nadie pueda frenarla, crea héroes que forman parte de la historia de la humanidad.