Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

lunes, 13 de febrero de 2012

Sabiendo que cuando se acabe la magia vas a estar con una mujer como yo.

Las camaradas Arlettes se dejan querer por niños buenos y después se juegan el tipo por almas deshechas ni siquiera agraciadas por la fisonomía. Las camaradas Arlettes son ese tipo de mujeres fuertes en apariencia, capaces de entender en que momento ceder y en cual tirar. Son niñas malas en el fondo dulces, que mueren por una noche de amor tierno pese a nunca pedirla. Las camaradas Arlettes no son excesivamente guapas, más bien resultonas, se dejan influir por cualquier comentario liviano, con mayor desesperación si es masculino, con más dolor si es femenino. Son dependientes de un amigo, no saben salvarse pese a haber buscado la salvación y utilizan el determinismo como excusa ante sus pecados. Las camaradas Arlettes se enamoran de lo insólito, de lo insospechado, se vuelcan en lo extraño y después se observan desesperadas surgir de la mediocridad. Las mujeres de este tipo buscan exaltar el tópico de la donna angelicatta por partida doble, siendo ángeles y amando a ángeles. Las camaradas Arlettes tienen pavor a ser remplazadas, temen más que a nada que los niños buenos o malos las olviden, desean que les compongan poesías y retratar a sus amantes. Las camaradas Arlettes nunca terminan bien, tratan sin éxito de sustituir su espíritu, de quemar sus pensamientos, de ahorrarse lágrimas, de reír menos. Solo necesitan que las quieran bien, que alguien las espere en cualquier rincón para darles un abrazo, oír que a algún alma le haría feliz pasar la vida con ellas. En realidad lo que les pasa a las camaradas Arlettes es que fingen la complicación, siendo en realidad mujeres sencillas, ávidas de romances que leen en clásicos que nunca escribirán. Las camaradas Arlettes son graciosas y sirven para entretener. Si alguna vez te cruzaste con una de ellas o la ignoraste o la amaste un ratito chico, pues nadie quiere eternamente a las pobres camaradas Arlettes, nadie las llama a diario ni se preocupa por sus manías, nadie las escoge para casarse con ellas.
Sé que no me preguntaste por ellas, sino por mí, pero supongo que con esto entenderás cómo soy: una de ellas. Una de esas camaradas perdidas por el mundo, que a veces tanto y otras tan poco cuesta reconocer.

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