Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.
viernes, 3 de febrero de 2012
Que entienda el valor de un Tiffany pero también el de una canción de amor.
Si supiera describir el espíritu de una persona con solo echarle un vistazo, sin duda lo haría ahora. Mi idea de hombre ideal igual se queda anticuada y es impropia para una...; vuelta al enigma de averiguar si soy mujer o niña; bueno, digamos para alguien de mi edad. Lo que yo busco es un hombre al que se le pueda poner de fondo Moon River interpretada por Frank Sinatra y encaje con la canción como si fuera imposible separar de él esta banda sonora. Una persona que beba café negro por las mañanas mientras lee cualquier periódico en papel, que los digitales pierden la magia. Que no hable más de lo necesario, que se pase a veces de listo sin quererlo y otras calle la respuesta correcta por miedo a su propia ignorancia. Alguien que recuerde siempre las fechas especiales, y que sea detallista, sobre todo que sea detallista, que tenga agenda, que sea organizado durante la semana y en vacaciones pierda el control de sus noches y sus días. Me gustaría encontrar a un hombre al que le guste la música clásica pero no sea músico, y se enfrasque en su trabajo porque está encantado con él. Un compañero que me de la certeza de que me hará feliz, al que a veces irritar riéndome en exceso y otras veces enternecer llorando sin consuelo. Busco que use bufanda en invierno, que sepa llevar corbata y camisa, que tenga un tipo de lectura favorita completamente diferente al mío, que sonría con dulzura enmarcada en un rostro serio, que llore sin vergüenza y sin palabras. Un hombre que no caiga en los excesos ni que tampoco reniegue de ellos, que me compre flores cuando no sepa que regalo original puede sorprenderme, que sepa llevarme y traerme, que sea absolutamente normal y absolutamente extraordinario. Alguien que use gafas según el momento, que coma caramelos y huya de lo que le desagrada con educación. Vuelvo a lo del espíritu del principio, pues mi limitada capacidad literaria se pierde cuando tengo que describir sin esconderme bajo un narrador o un personaje inventado, yo quiero un espíritu que a nadie llame la atención salvo a mi, una personalidad de las que ya no quedan, de las que salen en las películas en blanco y negro, de las que enamoraban en los cincuenta y asustaban en los ochenta...
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