Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

lunes, 27 de febrero de 2012

While you’re busy making plans.

Hace tiempo que me pregunto si es posible desgastar un recuerdo. Si llega un punto en el que lo hemo revivido tanto que terminamos por cambiar completamente lo que nos ocurrió. Deseo con todas mis fuerzas que algún día sea posible ver nuestras memorias como una película, para rebobinanar hasta las mejores, pausarlas y poder examinar y disfrutar cada mínimo detalle.

Me emociona esto... y encima cuando se viste de novia canta en latín. Chapeau!

domingo, 26 de febrero de 2012

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.

Hace un par de días me encontré de nuevo con las obras completas del poeta chileno Neftalí Reyes. Leí su Coloquio maravillado, en el que Pelleas y Melisanda hablan dulcemente del inicio de su amor. Ojeé además algunas poesías de Canto General. Me recreé en las que dirige a Alberti, a Hernández y finalmente en la que desde el título parece dirigirse al lector: Tú lucharás. Este libro es a mi inexperto criterio de los mejores de su obra, no ya solo por la forma; que es en si misma una lección para aquellos que deseen aprender a escribir versos; sino por el fuerte llamamiento al inconformismo ante el mundo y a la esperanza que encierran sus palabras.
Sin embargo, no pude resistirme a recitar antes de cerrar el tomo algunos de sus  Veinte poemas de amor, esos que escribió con apenas veinte años y que se convirtieron en las estrofas más vendidas de la poesía hispana. Se esconden en ellos frases que han sido repetidas hasta la saciedad en infinitud de libros de texto, en miles de cartas de amor desesperado, en revistas de toda índole o en películas románticas. Personalmente la cita que más me gusta de entre todas es aquella con la que finaliza el poema catorce: ''Quiero hacer contigo // lo que la primavera hace con los cerezos.'' ¿Qué otra cosa puede desear un enamorado? ¿Qué mejor metáfora para expresar un amor que pelea por culminar? La primavera hace florecer a los cerezos. Es fácil imaginar a una mujer floreciendo también; radiante, viva, desterrando la melancolía invernal para embellecer con su presencia los meses primaverales. Me resulta gratificante pensar en un hombre que anhele ser el causante de un milagro como es el de decorar el mundo con flores nuevas. Pablo Neruda lo deseó; afortunada su amante,  y afortunados en menor medida nosotros, que de vez en cuando entre sus páginas podemos soñar con sentirnos ella, imaginando que algún enamorado nos hará florecer. 

jueves, 23 de febrero de 2012

A veces más que a un libro, se necesita a alguien que te lo explique.

En un principio estas palabras estaban pensadas para expresar ideas ilustradas sobre filosofía. Sin embargo, al dejar pasar unas horas y reflexionar sobre ellas, una se da cuenta de que mejor que repetir las frases que otro ha dicho, es quizás resaltar su figura. No he conocido las ideas de Rousseau leyendo el Contrato Social; que aún sigue en mi estantería esperando ser abierto. Tampoco aprendí a resolver ecuaciones por capacidad propia para jugar con los números. Incluso a leer me enseñaron aquellos que con el paso de los días parecen convertirse en meros medios para la consecución de un fin (o quizás no sea un fin, quizás sea simplemente otro medio superior). Hablo de los profesores, docentes, maestros... Como se prefiera llamarlos.
Es cierto que no todos merecen ser tratados con la admiración que tiñe estas palabras, pues no es sistemático que por tener esta profesión se sea profesional. No obstante, mejor que criticar a los que no lo hicieron del todo bien, alabar a los que si lo hacen. Concretamente me gustaría reconocer el trabajo de aquellos que con clases alejadas del estricto temario; más en segundo, que ya se sabe: todos agobiados; dejan fluir sus pensamientos en forma de lecciones que nos invitan a querer saber más. Recuerdo a algunas profesoras de matemáticas que me mostraron la forma sencilla de hacer operaciones complejas, y que pese a ser yo alguien amante de las letras, lograron que aún hoy eche mucho de menos pasar horas con una calculadora en mano. Me viene también a la memoria la primera clase de ''Filosofía'', que por entonces se llamaba Ciudadanía y tenía por objetivo convertirnos en personas cívicas. El profesor sembró dudas e interés en mi mundo adolescente, a veces una total incomprensión hacia la realidad y otras simplemente me sacó una sonrisa sincera. ¿Y cómo no hablar de la mujer que me mostró la cara amable y también la más amarga de la  Lengua y la Literatura? La que con sus sarcasmos realistas y su sonrisa irónica escondida bajo palabras elocuentes impulsó a este espíritu perdido a las letras. Después de haber sido su alumna, una pensaba que no habría más profesores como ella, que el cambio iba a suponer la pérdida de estimulación. Nada más alejado de lo que ocurriría después, cuando entró, recién llegada como yo, una persona con rostro amable que elogiaba a Tostói. Fue entonces cuando aprendí que no hay porque tener miedo a equivocarse, y que solo se necesita a alguien que te diga que serás muy buena en lo que más te gusta hacer para sacar lo mejor de ti. Estos meses también descubrí que no por carecer de exaltación alguien valora menos el Arte, y que a veces a la más seria se le escapa comentar que la vida es maravillosa cuando ''Vas a la Columnata de San Pedro al anochecer y cenas en el Trastevere.'' Por último, que ya me excedo, debo hacer mención del que ha plantado el granito para que estas ideas se ordenasen y fueran escritas hoy aquí. Es ese señor alto, que viste siempre con camisa y jersey, el que pasa lista cambiando los acentos y me sugiere leer a Unamuno...


lunes, 20 de febrero de 2012

''Existimos mientras alguien nos recuerda.''

  Los recuerdos al fin y al cabo son más fantasía que realidad, más de cosecha propia que de mera objetividad del momento. ¿Dónde está el pasado del que nadie habla? Se esfuma a medida que el presente se queda atrás... ¿y tantas vidas barridas por el tiempo? ¿y tanto tiempo incomprendido por el hombre? ¿y tantos hombres olvidados? ¿y tanto olvido rescatado? Me intriga el presente, pues no es más que un escalón intermedio entre el futuro prometido que nunca llega y el pasado transformado que se nos antoja mejor. Carpe Diem, quam minimum credula postero, escribió Horacio. El mañana es incierto, ¿pero no lo es también el ayer? No podría asegurar cuales fueron mis palabras exactas al escuchar frases que quise recordar, ni la emoción que sentí ante diferentes circunstancias que en mayor o menor medida cambiaron mi persona. Es por eso por lo que el ser humano inventó la escritura o la pintura, y más adelante la fotografía, el cine. No soportamos la idea de quedarnos sin historias al mirar atrás. Algunos dicen que escriben para gustar, otros para desasosegar, otro más incoherentes que por amor al arte... La verdad es que todos lo hacen porque temen al olvido, porque; como todo el género humano; están sedientos de inmortalidad... Yo escribo para recordar. García Márquez afirmó alguna vez que quien no tiene memoria se hace una de papel. Es posible. En el papel, en las palabras, cabe la vida de un pobre hombre madrileño, las historias de musas, los cuentos de estirpes condenadas y las memorias de un pobre autor enamorado. Me gusta escribir porque las letras no te obligan a contar la verdad, te dejan añadir epítetos, detalles inventados, metáforas que poco tienen que ver con la realidad. La Literatura permite hiperbolizar lo hiperbólico, satirizar sin motivo, inventar lo real y hacer real lo inventado. ¿Quién podría negar que la fama de Hamlet, príncipe de Dinamarca, es mayor que la de cualquier rey contemporáneo? Los recuerdos desaparecen para nosotros, pobres almas torpes y orgullosas en busca de una gloria que nunca llega. Sin embargo, la imaginación esquiva al olvido, recorre los siglos sin que nadie pueda frenarla, crea héroes que forman parte de la historia de la humanidad.


miércoles, 15 de febrero de 2012

Remember when we used to talk all night, we didn't get much sleep.

Nunca lo dije, nunca os lo digo de hecho. No está ligado a mi personalidad decir ''te quiero'' si no es a un amante. No sé daros abrazos fuertes a diario, ni de escribir nuestras historias. Sin embargo, a veces lo único que necesito es la certeza de que puedo coger el teléfono y llamar a alguno de vosotros para que calme mi llanto. Hoy me he querido acordar de los amigos, ya veis que sin formas bellas ni palabras profundas. Es porque veo la amistad como la virtud más sencilla que posee el ser humano, siendo posible resumirla en la cotidiana frase: ''hoy por ti, mañana por mí''. Aunque si debe ser hoy por ti, y mañana de nuevo por ti, no será un dato importante. Me basta con encontraros algunos días y hablar como si el tiempo no pasase y las distancias tampoco. Hoy va por vosotros, por los que me hacéis llorar de risa y los que me hacéis enmudecer de emoción, por los que reís con mi risa y por los que a esta misma risa les provoca exasperación cuando no sabe parar. Y voy cerrando esto, pues no es una maravilla literaria y con las palabras voy sonando más y más infantil. Solo quería dejar una pequeña constancia hoy de que pese a no veros a diario me acuerdo de vosotros y de vosotras, me permito el feminismo léxico aquí. Me ahorro el ''os quiero'' del final, guardarme un abrazo para el próximo encuentro a cambio.


Talking, laught and planning out our lifes, and who we'll going to be.

lunes, 13 de febrero de 2012

Sabiendo que cuando se acabe la magia vas a estar con una mujer como yo.

Las camaradas Arlettes se dejan querer por niños buenos y después se juegan el tipo por almas deshechas ni siquiera agraciadas por la fisonomía. Las camaradas Arlettes son ese tipo de mujeres fuertes en apariencia, capaces de entender en que momento ceder y en cual tirar. Son niñas malas en el fondo dulces, que mueren por una noche de amor tierno pese a nunca pedirla. Las camaradas Arlettes no son excesivamente guapas, más bien resultonas, se dejan influir por cualquier comentario liviano, con mayor desesperación si es masculino, con más dolor si es femenino. Son dependientes de un amigo, no saben salvarse pese a haber buscado la salvación y utilizan el determinismo como excusa ante sus pecados. Las camaradas Arlettes se enamoran de lo insólito, de lo insospechado, se vuelcan en lo extraño y después se observan desesperadas surgir de la mediocridad. Las mujeres de este tipo buscan exaltar el tópico de la donna angelicatta por partida doble, siendo ángeles y amando a ángeles. Las camaradas Arlettes tienen pavor a ser remplazadas, temen más que a nada que los niños buenos o malos las olviden, desean que les compongan poesías y retratar a sus amantes. Las camaradas Arlettes nunca terminan bien, tratan sin éxito de sustituir su espíritu, de quemar sus pensamientos, de ahorrarse lágrimas, de reír menos. Solo necesitan que las quieran bien, que alguien las espere en cualquier rincón para darles un abrazo, oír que a algún alma le haría feliz pasar la vida con ellas. En realidad lo que les pasa a las camaradas Arlettes es que fingen la complicación, siendo en realidad mujeres sencillas, ávidas de romances que leen en clásicos que nunca escribirán. Las camaradas Arlettes son graciosas y sirven para entretener. Si alguna vez te cruzaste con una de ellas o la ignoraste o la amaste un ratito chico, pues nadie quiere eternamente a las pobres camaradas Arlettes, nadie las llama a diario ni se preocupa por sus manías, nadie las escoge para casarse con ellas.
Sé que no me preguntaste por ellas, sino por mí, pero supongo que con esto entenderás cómo soy: una de ellas. Una de esas camaradas perdidas por el mundo, que a veces tanto y otras tan poco cuesta reconocer.

sábado, 11 de febrero de 2012

¿Los hemos perdido?

  Si alguien entendido en modernidad y con una buena capacidad para redactar sus pensamientos anda por ahí, me gustaría que me explicase en que momento se hizo un objeto pasional un pearcing en lugar de una liga; porque sinceramente y con perdón por aquellos, aquellas (en fin) que los tengan, en mi no levanta ningún tipo de pasión. Yo defiendo el juego que daba la liga, el elegirla si eres ella, el encontrarla si eres él. Si algún hombre está leyendo esto me haría un favor si me explicara porqué un escote en un cuerpo por formar resulta más sexy que una abertura minúscula en algún lugar insospechado lucida por un cuerpo de más de quince años, pues siempre he oído aquello de: ''mejor insinuar que enseñar''. No entiendo tampoco el motivo por el cual la ordinariez consigue más que la educación, el sexo más que el amor y el alcohol más que la constancia. Me sorprende la facilidad de cualquiera para hablar con otro cualquiera, en cualquier lugar, sobre temas que debieran ser íntimos, me indignan las burlas no sugerentes sino obscenas que gobiernan los medios y el auge de cierta ''literatura'', suponiendo que sea posible catalogar a esos panfletos adolescentes como tal. Personalmente me resulta más emocionante descubrir lunares e inventar un cuento para cada uno de ellos, que ver tatuajes repetidos hasta el aburrimiento. No adivino el motivo por el cual se ha perdido el gusto por el detalle, por la seducción sin prisas, por el intercambio de miradas tímidas. Se ha olvidado la magia de echarse la fragancia personal en los talones y tras las orejas, y ¿puede alguien argumentar por qué un gran porcentaje de ''hombres'' utilizan el mismo desodorante como colonia? Atrás quedaron los vestidos largos rasgados en un lateral, las citas premeditadas con días de antelación. Los enamorados ya no aprenden poesías para recitarlas en un susurro de amor, las cartas firmadas con pintalabios parecen una reliquia vintage.


  Ningún hombre apuesta ya por jugar a ser un dandy... romanticón, que me gusta decir a mí.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Una historia inconclusa.

''Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida.''
  Comienza así su discurso de aceptación al premio más prestigioso de las letras mi idolatro escritor, Mario Vargas Llosa. No puedo evitar bañarme en esperanzas cada vez que lo escucho, leo o recuerdo. Resulta curioso el hecho de que antes que cualquier libro suyo, escuché su discurso y no una ni dos veces, muchas más, pues me pareció un elogio además de a la lectura y a la ficción, a algunos planteamientos e ilusiones que cimientan mi personalidad. En él, el peruano habla de lo que aprendió de otros autores universales. De unos dice que le enseñaron el valor de la forma, el estilo, las historias o el compromiso. Sin embargo con la que me quedaría yo es con la referencia a Flaubert, que en sus palabras le mostró: ''que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia.'' Nunca hube oído menciones del francés hasta este discurso y al decir esto acepto mi ignorancia, la cual espero poder ir supliendo hasta que el camino acabe. La cuestión es que me interesé por él, y descubrí a su madame. La idea de leerla no descansó hasta que hace apenas hace un mes me obligué a hacerlo. Deseaba saber qué quería decir exactamente Mario con su afirmación, y que significaba la mención que más adelante hacía sobre Emma. Finalmente ayer cerré (espero que no por última vez) la obra; y dejando a un lado mi cuestionable empatía hacia Emma Bovary; me sentí un poco más cercana a esa luna que se me antoja la literatura.
   Hoy escucho la voz peruana de nuevo y como la primera vez parece que mi ánimo va a apostar por el llanto. Lágrimas de alegría, que pese a que creen entender que las fábulas y los cuentos literarios no son más que otra vía de escape más, se niegan a admitir que el amor o las artes se extingan. Abandonar me resulta prácticamente imposible tras oír los ánimos que se cuelan entre los espacios de las palabras mágicas de este señor.
   Me parezco absurda pero lo necesitaba, ahora estudiar sintaxis me resultará poco más que otra escalera  que subir. ¡Qué final tan poco poético para haber empezado con palabras de un maestro! Pero es que escribir para mí sigue siendo un juego, una gracia, una forma de complacer a algunos y disgustar a otros. Escribir y leer es para estos dedos que escriben una forma de vida, de resistencia, de reivindicación. La literatura mece mis días, deshace los días negros (o rojos), ilumina mis excentricidades y hace sonreír a mi sonrisa. 

“Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias.

martes, 7 de febrero de 2012

Buenas noches amiga.

¡Ay amiga mía! No tengo más guerras que declararte puesto que ya no me quedan armas con las que herirte, ni palabras que combinar con sorna, ni juegos en los que enredarte. Fuimos muy felices esos veranos en los que nos conocíamos cada atardecer. Tú me contagiabas tu alegría, yo trataba de enseñarte como vivir. ¿Cómo ocurrió que lentamente fuiste huyendo de mis consejos? ¿Fue quizás que eras una alumna aventajada y aprendiste pronto la lección? ¿Por qué en una hora de silencios se acaba con un amor que ha ganado batallas, muy duras batallas? ¡Ay amiga! Si pudieras entender la melancolía que se esconde entre estas frases ... si supieras lo que te echo de menos. Dejaste de quererme, como a todos, no entiendes de lealtades aunque si de compromisos. ¿Cuando volverás a retratarme al amanecer cuando estoy despeinado? Solías comentar que la luz del alba me favorecía. Quiero pensar que volverás. Sin embargo más que demostrado quedó ya que el pensar no es predecir, y que los que esperan se quedan apáticos, que vale más la búsqueda en sí misma que el propio hallazgo. ¿Cómo no tener esperanzas ante la vida?, que dirías tú, eso me pregunto: ''¿cómo decaer ante sueños que aún no se cumplieron, ante puertas que no deseo ver cerradas?'' Aún me queda la música, nuestra música, las melodías con las que adormecíamos las noches más largas. Trato de buscar huecos entre mi tiempo para coger el chelo y con él tocar alguna de las canciones que solías rogarme interpretar para ti... Sin ti no tengo más público que el viejo atril de madera y la muñeca de trapo que me regalaste, que nunca deja de sonreír, ajena a mis vaivenes sentimentales. Es ella la que escucha algunas noches la nana de Falla con la que te gustaba dormir... Que vacío está el pisito sin ti amiga, que huecas suenan las notas, que descoloridos se ven los lienzos que me dejaste...

viernes, 3 de febrero de 2012

Que entienda el valor de un Tiffany pero también el de una canción de amor.

Si supiera describir el espíritu de una persona con solo echarle un vistazo, sin duda lo haría ahora. Mi idea de hombre ideal igual se queda anticuada y es impropia para una...; vuelta al enigma de averiguar si soy mujer o niña; bueno, digamos para alguien de mi edad. Lo que yo busco es un hombre al que se le pueda poner de fondo Moon River interpretada por Frank Sinatra y encaje con la canción como si fuera imposible separar de él esta banda sonora. Una persona que beba café negro por las mañanas mientras lee cualquier periódico en papel, que los digitales pierden la magia. Que no hable más de lo necesario, que se pase a veces de listo sin quererlo y otras calle la respuesta correcta por miedo a su propia ignorancia. Alguien que recuerde siempre las fechas especiales, y que sea detallista, sobre todo que sea detallista, que tenga agenda, que sea organizado durante la semana y en vacaciones pierda el control de sus noches y sus días. Me gustaría encontrar a un hombre al que le guste la música clásica pero no sea músico, y se enfrasque en su trabajo porque está encantado con él. Un compañero que me de la certeza de que me hará feliz, al que a veces irritar riéndome en exceso y otras veces enternecer llorando sin consuelo. Busco que use bufanda en invierno, que sepa llevar corbata y camisa, que tenga un tipo de lectura favorita completamente diferente al mío, que sonría con dulzura enmarcada en un rostro serio, que llore sin vergüenza y sin palabras. Un hombre que no caiga en los excesos ni que tampoco reniegue de ellos, que me compre flores cuando no sepa que regalo original puede sorprenderme, que sepa llevarme y traerme, que sea absolutamente normal y absolutamente extraordinario. Alguien que use gafas según el momento, que coma caramelos y huya de lo que le desagrada con educación. Vuelvo a lo del espíritu del principio, pues mi limitada capacidad literaria se pierde cuando tengo que describir sin esconderme bajo un narrador o un personaje inventado, yo quiero un espíritu que a nadie llame la atención salvo a mi, una personalidad de las que ya no quedan, de las que salen en las películas en blanco y negro, de las que enamoraban en los cincuenta y asustaban en los ochenta...