-Señorita, ¿qué le sucede?
-Déjeme, estoy viendo como pasa.
-¿Cómo pasa qué?
-La vida.
-¿Se encuentra bien? La veo un poco sola.
-¿Quién es usted para pensar sobre si estoy sola o no? ¿Qué se ha creído? ¿Qué por qué no haya ningún hombre contemplando la Luna junto a mi he de deprimirme?
-Creo que me malinterpreta, no es eso lo que pretendía hacer ver, es que únicamente, ¿está llorando?
-Tiene razón, me encuentro muy sola sin nadie con quien comentar en que estrella me gustaría vivir, o de que color es la Luna cuando se sonroja. Tengo... ¿bueno a quién le importa mi edad? Sin embargo entiende que soy joven, y usted también lo es. ¿Por qué me habla como si nos encontráramos en una película de los 60? ¿Por qué le respondo igual?
-Somos almas incomprendidas en pleno siglo XXI, me permito tutearte ahora que la conversación se alarga. Deberías llevar puesto un vestido largo con escote únicamente en los hombros.
-Puede ser, tú entonces deberías decirme que estoy preciosa esta noche y llevarme a tu casa para beber champagne.
-Lo siento señorita, es que no estamos en un cuento de hadas de mediados del siglo veinte, soy un hombre tan normal como el resto, solo interpretaba un papel que me pareció que requería la situación. Nunca te diré lo que quieres oír, está pasado de moda.
-Es cierto, sin embargo nada evitará que me quedé sentada bajo este puente esperando a que llegue mi propio milagro. Las modas hace tiempo que me parecen ridículas. Buenas noches.
-No esperes demasiado, si no llega, sal a buscarlo. Buenas noches.
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