Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Chiquitita no hay que llorar


Esta es mi madre, o como a mi me gusta llamarla machu, mamichu. Nos encanta bailar juntas la canción de Chiquitita. Pensamos que los ositos de peluche son el regalo idóneo para un bebé, o una bebá, y bueno para cualquiera en realidad. Mi mamichu es como ese hombre del cuento, planta árboles por donde va pasando, claro, ya sé que estoy hablando de manera metafórica... Hace regalos por Navidad a cualquiera que le haya hecho el más mínimo favor, y no se queja si alguien no se digna a darle las gracias, piensa que se le habrá pasado. Me dice siempre que estoy más guapa después de llorar, cuando las lágrimas me han quitado todo el maquillaje y tengo los ojos brillosos. Aunque piense que me estoy tirando de una montaña de cabeza me apoya con mi idea loca de escribir y vivir de plantar palabras, me agradece el más mínimo regalito, aunque sea un dulce de esos portugueses que tanto le gustan y cuando estoy a punto de tirar la toalla, de saltar para no volver a subir encuentra cualquier cosa para que ría o me quiera un poquitín más. Me compra libros que no ha leído porque considera que podré entenderlos sola, se alegra más que yo de mis éxitos, se preocupa por mis amigos con las mismas ganas que yo misma. Mamichu siempre me recomienda ''que te hagan reír Carmen, que la vida ya te hace llorar por si sola''. Tú estarás orgullosa de mí, pero yo mami, yo mucho mucho más de ti. Te quiero.

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