Querida Carmen, como siempre soy yo, la única persona del mundo de la que recibirás una carta alguna vez, o en este caso un e-mail en forma de epístola. Voy a ser sincera contigo después de varios meses de haber estado vagando por paraísos que no me parecían propios. He dejado al que suponía el amor de mi vida. Por primera vez en mucho tiempo he sido valiente, y lo cierto es que no sé de donde he sacado semejante valor. He dicho adiós a todo en lo que creía, me he despedido en unas semanas de mi plan de futuro perfecto, de mi casa en el campo, de mi preciosa hija con él educada en la subjetividad. He roto mis principios de amor eterno, he acabado con mi necesidad imperiosa de amar y sentirme amada. No me encuentro pletórica, sin embargo creo que estoy aprendiendo a decidir, supongo que esto suena a estupidez, pero ¡ay si el hombre naciera con eso de decidir aprendido! Decidir está significando asumir viejos y nuevos errores y darme cuenta de que las riendas de mi vida las llevo yo, y de que el destino no es más que una alegoría humana para explicar aquello que no entendemos. En estos días me gustaría tener fe en que algo o alguien va a ayudarme a saber como decidir, aferrarme a la loca idea de que exista un guionista universal que escriba el papel que estoy representando, pues no logro creer en algo que no sea yo. A día de hoy estoy tan conforme con mi vida, tan llena de ganas y tan poco asustada que llego a temer que la chica alocada a ratos insoportable y a ratos encantadora que fui se desvanezca para no aparecer nunca más. ¿Es esto a lo que le llaman madurar? Supongo que nadie tendrá nunca la respuesta a esa pregunta, ¡oh madurar!, quizás madurar significa rendirse ante la vida, o tal vez quiera decir, un segundo creo que por simple curiosidad lo buscaré en el diccionario, a ver...'' Adquirir pleno desarrollo físico e intelectual'', esa solución plantea más dudas de las que resuelve, ¿A caso alguien tiene la desfachatez necesaria para admitir que ha adquirido pleno desarrollo intelectual?. Estoy perdida, no logro transformar esa expresión en alguna otra más bella, las palabras son las que son, expresan tales o cuales ideas y no hay más. Por suerte en lo que quede de mí si hay más, y por suerte ahora estas reflexiones son para mí, y diga lo que diga la cara del mundo que veo, tengo brazos invisibles a los que agarrarme, aunque no sean más que las mayores locuras jamás pensadas en forma de hojas de papel encuadernadas. Aún me queda mi esperanza. Sé feliz Carmen, es lo que te diferencia del resto.
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