Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

domingo, 9 de enero de 2011

Y los ruidos hablan menos que el silencio.

Nunca me había detenido a escuchar los ruidos que produce el agua al chocar contra los tabiques del puente por el que mis zapatos han andado tantas y tantas veces. La ciudad guarda silencio y solo oigo el sonido imperturbable de la fuerza del río. Supongo que esto también es fruto de la casualidad, sentada en la misma posición que me hallo encuentro pensativa a otra chica, aproximando de mi edad, mirando absorta el paisaje semi urbano. Mi cabeza imagina que estará pensando la suya en esos instantes concretos, y creo que ella no sospechará que yo me preocupo de ella sin conocerla. Me acuerdo de la serialidad y de si este pequeño encuentro mudo podría calificarse como tal. Mientras el agua sigue sin detenerse sonando como un disco invisible, siento al viento despeinarme y a caminantes anónimos charlar en voz baja. ¿Con que palabras se describe un ruido? No las consigo poseer, me acuerdo de aquello ''las palabras dicen menos que los ruidos'' y me doy por vencida, me rindo ante la composición de naturaleza y creación humana y atiendo al momento. Solo eso.

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