Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

domingo, 23 de enero de 2011

Betterman.

Es el destino, ellos estaban destinados a estar juntos. ¿De verdad creía que el amor podría nacer en la infancia? Se le ocurría una persona que podía amar a otra hasta el fin de sus días, una lástima que aquella chica no se hubiera dado cuenta aún de lo que él podía darle para el resto de su vida. Después de ver su historia ficticia tenía aún mas ganas de explorar aquellas tierras que desde hacía tanto tiempo le llamaban la atención. ¡Somos realmente crueles muchas veces, nosotros que nos adivinamos auténticos y altruistas! Se invierte tanto dinero en investigación para hacer viajes espaciales cuando hay millones de niños que mueren de hambre; hemos derramado ríos de lágrimas por sueños frustrados e imposibles dando la espalda a decenas de dictaduras injustas, podría contar las veces que chilló o se enfado con otros por no comprenderla e ignorar todas en las que ella había tratado de manera muy injusta a los demás. Un día vemos un documental o una película o leemos a algún gran líder social hablándonos sobre las injusticias y creemos ser bondadosos por unos instantes, pero que va... solo es falsa generosidad. Ella se había encerrado en el mas profundo egoísmo y hacían falta horas para que se diera cuenta de que era posible salir, lo primero era aceptarlo. Ser cada día mejor persona, abrazar a los ideales y no dejar pisotearlos a nadie, pero sobre todo no pisotearlos ella misma como acostumbraba a hacer, era muy sencillo decir que no le quedaba otra, que era así, que el determinismo biológico existe. Pues no. Se había cansado, estaba quemada, se puede cambiar. Lo que mas deseaba en el mundo era abrazar a tantos niños perdidos por las guerras, el hambre, en fin todo eso de lo que ya estamos mas que acostumbrados de oír hablar. Pese a que su carácter era patético no abandonaría ahora iba a luchar por cambiarlo, nada de reírse del que no es consciente de sus defectos, aprendería de los mejores, nada de poner su amor por él como excusa ante cualquier tragedia. Su vida era perfecta, al igual que tantas otras, debía disfrutar, cuando por fin alcanzara la mayoría de edad ayudar, y dejarse de quejar por el paso del tiempo y el robo temprano de su infancia. Desplegaría las alas para recoger con su vuelo a otros a los que se las hubieran cortado. Un día quiso ser médico del color, allá iba, a por eso, a tratar de no defraudarse a si misma, a llorar con la tristeza ajena, a sonreír al que no pudiera hacerlo. Alguien le había enseñado a amar un ideal por encima de cualquier cosa, y de hecho a ella no le importaría morir así. Debía empezar el camino de lo imprescindible dejando a un lado todas las mentiras que guardaba en su ser. Lo iba a dar todo, sin excepción. Adelante, porque realmente hacia mucho tiempo que no se decidía a volver a sus ojetivos antiguos. Cosas que hacer antes de morir: Pasar años en la India ayudando a huérfanos, leyó en su antes adorada libreta roja. Sonríe, se puede ser mejor, infinitamente mejor.

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