Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Clic -clic. Minutos rosas.

¡Yo lo que quería era ser un funambulista picassiano y rosa!
¿Qué sucedió?
La tercera dimensión me ahogó la fiesta, y, ya ve, ahora ando por ahí con mirada circense pero sin arte malagueño. ¡Qué resucite Pablo, quiero ser protagonista perenne de sus lienzos!
¿Sin guiones ni hechizos?
¡Con palabras y pinceles! ¡Con curvas y óleos! ¡Con mi pasión y su arte!

domingo, 1 de diciembre de 2013

A pesar de la muerte, de la vida o la suerte.

  Cuando los corazones compartidos no están ni siquiera en retratos colgados de una pared raquítica y sangrada por el tiempo, descubrimos en qué engaño habíamos estado durante el intervalo que duró la adolescencia. No nos parece ya atroz el destruirnos, ni siquiera nos duele y con lo que queda de la hecatombe, a veces incluso sonreímos. Sin embargo, aún respiramos como aire recién traído del paraíso los sentimientos que narran algunos fabuladores de ingenio aventajado. Las abstracciones siguen siendo la salvación para los que dimos la espalda a la suerte y al buen gusto amatorios. Son las ruinas de la civilización perdida que un día habitamos y con ello, sobrevivimos la memoria del desengaño y en ello, sellamos la esperanza de un hado nuevo e inhabitado. 
    Cuando las razones y sus sueños producen monstruos, decidimos que no es regla inquebrantable romper con los malditos, así como no lo es adorarlos. Besamos derritiéndonos, marchitos, cansados, infectados de realidad. A pesar de todo, somos felices. Cuando ilusoriamente salimos de la caverna, descubrimos el sol de Röcken, el azul parisino y nos abrazamos a la vida. 

lunes, 25 de noviembre de 2013

Segunda acepción.



Anoche supe que empezaba a ser tu ayer, y no te has dado cuenta todavía. Nunca llegué a saber lo que te quería pero como tú tampoco lo sabías nos quisimos hasta que llegó la razón a ahogarnos la fiesta.
Carlos Salem.

No serás tú
el que me diga
cuánto tengo que saberte,
qué máscara vestirme
o cómo llorar.

Tampoco seré yo
la que inspire a tus relojes,
la que respire
tu vaho en las albas.
La que llore, en fin,
a tu sexo.

No seremos nosotros,
no lo somos
más que sobre piedras derretidas
en noches compartidas y
solitarias. Porque no somos,
porque el aborto nos había ahogado
antes de la primera caricia.

viernes, 22 de noviembre de 2013

(Intra)historia del Arte.

Fuimos ese lienzo puntillista
sin luz,
abandonado por Camille, falto de verde,
demasiado rápido, insuficiente de brillo.

Éramos una virgen manierista 
sin deformar,
una rara avis de la época
con cuya contemplación murió el último humanista.

Habíamos sido un frontón griego
policromado en el XXI,
con centauros y lapitas amándose, 
olvidando por qué visten espadas.

Fuimos un grito expresionista
contenido y delicado,
devaluado por la crítica y asonante,
hallado en el desván de ese viejo noruego loco.

Éramos un Caravaggio
ausente de tenebrismo,
una virgen que prefiere bañarse a orillas del Tíber,
que huye del sueño eterno vestida de rojo.

Habíamos sido una rendición de Breda,
sin Velázquez sin lanzas,
sin vencidos ni soldados,
con pinceladas sueltas y color impresionista.

Fuimos, éramos, habíamos sido
la obra de arte más absurda contemplada por nadie,
pintada con óleos sin aceite, en lienzo sin tela,
con el amor de un postromántico sin Parnaso.

 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Ese ladrón que os desvalija.

  Que mis líneas no te suponen nada, es una idea que saben las yemas de los dedos desde el momento en el que descubrieron con qué tono se retuerce su sonrisa. Aun así, a destiempos mi alegría quiere contar que el plata me hace bailar cuando haces muecas (in)descifrables ya. Mi ego empieza a descubrir que le divierte el tuyo y que querer y amar y el resto de léxico macabramente sentimental no hacen falta en algunas noches compartidas. 

  La poesía auténtica se manifiesta cuando improvisas y la prosa inconclusa cuando escribo, los fonemas siempre compartidos (por fin) hacen que la lluvia tamborilee. Sin nexos entre las frases me ahogo en onirias surrealistas, que a ti qué te importan, que tú qué vas a leer alguna vez, y que sin embargo, por aquí se escapan correteando por el atril y los espejos. 

   Siempre separados y distantes los recuerdos, los míos que no te conocen de nada y los tuyos que imitan otros tiempos.

    La sorpresa elegante de los meses finales de año, decorada con músicas pasadas y artistas franceses, las gracias finales, o no, la vuelta de aquella que era. Fuera quién fuera. De la mano de tu ingenio.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Negación del Yo (lírico).

De igual manera que no
soy a
        c
          r
           ó
             b
               a
                 t
                   a no caeré en
la ilusoria palabrería de ser

poeta. ¿Poema? Grafemas en acto
y calidad en potencia, ¡si me leyera
Arístóteles! Qué miscelánea contruí
con su arte por carencia de la mía

Poesía, os la dejo a vosotros,
que sin atinar a entender la
caricia rosa de la sines...tesia 
rimáis como por casualidad,

salga bien o mal, defendiendo
vuestro talento universal para 
las hipérboles y las adulaciones.
No soy poeta. Soy mis palabras,

soy la                                                                    ira, 
                   la rabia,                                                                           la sinrazón, la desazón,
que me provocáis, poetas de cordel, desconocedores de pies métricos,
Wildes de siglo XXI, Wildes sin estilo, Wildes sin poesía.

Se congeló la palabra.

 Qué frío hace hoy, amor. Llevo horas tratando de levantarme de este colchón oxidado y pasajero y las garrapatas del estómago no me dejan. Las réplicas de arte a las que encargué hacer mis días más serenos ya no me comprenden. 

 Y tú te has ido, amor. No hay ceras de pasión con las que colorearte las mejillas al despertar, ni ausencias que llorar. Yo me he quedado, porque sé que nunca tuve valor para borrar recuerdos que tumban mi alegría y que ahora me parecen como las joyas falsas de las que hablaba Salvador. 

 Si pudieras sentir el frío que hace hoy en esta estancia menguante, vendrías a traerme el rallo verde que me habías prometido alguna vez. Pero tú no puedes saber cómo congela este sol ni cómo se descama la parte más superficial de este corazón con sístoles y diástoles descompensadas. 

 Y tú, dejaste de existir, amor, para que mis locuras quedaran descompensadas e incomprendidas. Nadie escucha cuando se me escapa hablar de ti. Nadie presta atención cuando intento contar que va a quemarme este frío noviembre, porque a nadie le importa el frío que hace hoy, en este lugar, en este diafragma cansado de expandirse. Porque tú no estás, no vives, no me abrazas. Porque no te siento y pareces haber muerto con el calor y la luz que iluminaba el invierno, amor.

martes, 5 de noviembre de 2013

You simply found the words to make a lot of feelings fade away

Qué confortable abrigarse en recovecos de almas que nos conocen.

Último placer.

 El lunes más caluroso del año por fin descubrí de qué habían servido las sonrisas y las esperas, las esperanzas y los acordes. Para absolutamente nada. Resulta incluso ridículo que tantas abstracciones comúnmente machacadas en tópicos hasta la saciedad, creadoras de novelas y de ensayos, de filmes y de vidas, no hubieran sido para mí más que una forma de dolerme la inteligencia y de perder el año en el que estrenaba la madurez. 
 No negaré que busqué entre los recuerdos algo a lo que agarrarme, que pregunté a muchos con la ilusión de que alguien me llevara la contraria y dijera que me habías querido como se quiere al peluche favorito en la infancia o al amigo del alma en la adolescencia. Investigué por si alguno ensalzaba ese pasado borroso nuestro y, sin sorpresas y con desesperanza encontré aquello que me habías quedado como medio para que me acordase de ti. 
 El regalo que me habías dejado no era otra cosa sino una canción de gemidos hipócritas y una decepción en las palabras. Lo habías envuelto con prejuicios y lujuria, con infidelidades de angustia y absoluta indiferencia. Había oído que mejor algo que un vacío absoluto, pero se equivocaron quienes lo dijeron, hubiera escogido el agujero negro antes que la mezcla de colores lechosos y escatológicos desteñida por una lavadora que ya no decía por qué te había querido en sesenta y cinco palabras. Sin embargo, aún guardo tu último obsequio y algunas mañanas de este noviembre lo saco de su celda y me empapo bien de él para concienciarme de que la supernova apuntaba a otros deseos y de que no hay nada más triste que arrepentirse de haber regalado suciedades y angustias. 
 A veces tu regalo me mira desafiante, le escupo y te odio con lágrimas de rabia y puñales de sueños sin nacer.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Old friends.

Estoy indignada por mantener algo que nunca tuvimos en común. Por doblar la esquina y pensar que no te soporto y que aún así tengo que sonreír a palabrería ajena en la que no soy capaz de distinguir ni los distintos fonos. Estoy indignada por haber cambiado y por haber descubierto que tu personalidad me aplasta contra la realidad más insípida y burda. ¿Por qué mantener las lágrimas de otros amores? ¿Por qué tenemos que tomar cafés como si nos importara verdaderamente qué dicen los posos del otro? No quiero regalos de cumpleaños, no quiero agobios hipócritas, no quiero no guardarte cariño y no quiero guardártelo si está viviendo en engaños. No quiero escribir así, no quiero dejar a un lado mi dulzura, no quiero perderte entre fórmulas. Me opongo al paso del tiempo, me quedo en este instante, dispara ya.