Que mis líneas no te suponen nada, es una idea que saben las yemas de los dedos desde el momento en el que descubrieron con qué tono se retuerce su sonrisa. Aun así, a destiempos mi alegría quiere contar que el plata me hace bailar cuando haces muecas (in)descifrables ya. Mi ego empieza a descubrir que le divierte el tuyo y que querer y amar y el resto de léxico macabramente sentimental no hacen falta en algunas noches compartidas.
La poesía auténtica se manifiesta cuando improvisas y la prosa inconclusa cuando escribo, los fonemas siempre compartidos (por fin) hacen que la lluvia tamborilee. Sin nexos entre las frases me ahogo en onirias surrealistas, que a ti qué te importan, que tú qué vas a leer alguna vez, y que sin embargo, por aquí se escapan correteando por el atril y los espejos.
Siempre separados y distantes los recuerdos, los míos que no te conocen de nada y los tuyos que imitan otros tiempos.
La sorpresa elegante de los meses finales de año, decorada con músicas pasadas y artistas franceses, las gracias finales, o no, la vuelta de aquella que era. Fuera quién fuera. De la mano de tu ingenio.
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