Con la característica curiosidad de la juventud, Psique abrió la vasija. Le habían dicho que contenía belleza, todos comentaban que ella gustaba de tal virtud, sin embargo, ¿qué aspecto tendría la belleza por si sola, sin depender de un cuerpo, de un paisaje, de una impresión? En el momento en el que sus dedos destaparon el recipiente se sintió desfallecer de forma dulce y quedó dormida en medio del camino. Debería haber sabido que no es conveniente desobedecer a Venus. Afortunadamente para ella el hechizo era reversible, podría despertar con un beso de amor, él lo sabía. Eros apareció volando desde el idílico mundo divino, y con la mayor delicadeza con la que jamás un amante a besado a otro, junto sus labios con los de Psique para liberarla de su sueño antes imperecedero. No existe mito más hermoso para alegorizar la inmortalidad del amor, los artistas lo supieron. Imagino a Canova cierto día de 1787 en un taller iluminado junto a un bloque del mármol más blanco, especulando sobre cómo plasmar el mito más tierno de la mitología. El genio italiano cogería sus útiles y esculpiría con cariño y talento a una joven yacente que abraza a su amante en el instante en el que este se dispone a besarla para que tras su despertar sea cierto el sueño universal del amor eterno.
Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.
sábado, 7 de abril de 2012
miércoles, 4 de abril de 2012
Me quiere, me odia, me quiere...
Paradójicamente el día en el que inventamos el amor, el odio se introdujo en nuestras consciencias. ¿Qué sucedería si siempre amásemos? Posiblemente que el amor tal y como lo conocemos carecería de sentido. El amor ha movido y sigue moviendo el mundo, pero es innegable que su antónimo no lo ha hecho menos. Necesitamos de él para responder al abandono, a la decepción, a los engaños, quién sabe si también para responder a nuestra propia cobardía. No me gusta odiar, pues siempre he pensado que el odio lleva irremediablemente al propio sufrimiento del que odia; sin embargo, en ocasiones se vuelve incontrolable. Del mismo modo que nadie decide de quien enamorarse, nadie escoge a quien destinar todos sus oscuros deseos. La sensación de repugnancia o desagrado ante ciertas personas o situaciones, o comidas, o deportes, o incluso risas, se adueña de nosotros sin dejarnos manejarla lo más mínimo. Obviamente es posible controlarlo, quiero creer que somos un poco libres, pero hay veces que reprimirlo no resulta la mejor solución. Personalmente odio, y no me considero peor por ello, simplemente sincera para admitirlo. El secreto tal vez sea en odiar lo justo, poquito, sin dejar que se nos vaya de las manos y sin supeditarnos a tal emoción. Por supuesto siempre combinarlo con el amor, una de cal y dos de arena (voy a imaginar que la arena es la buena; es decir, el amor; ya que nunca lo he sabido). Odio la palabrería por la palabrería, por el contrario adoro la buena oratoria y las ideas correctamente fundamentadas. Odio los reallities sobre gente con personalidades patéticas, pero me gustan los libros realistas sobre desfavorecidos del XIX y del XX y los programas sobre arte. Odio que no me sepan seguir, sin embargo me encanta descolocar y compartir secretos con almas que se asemejan a la mía. Odio a los pájaros, me fascinan las serpientes y las mariposas. Odio también no saber cómo escribir con precisión y correcta forma, disfruto imaginando como será el futuro, diseñando una vida utópica, narrando esos sueños. Para sentirme mejor a veces la odio, lo odio. Después respiro, me repito que es una prueba más de mi humanidad y escojo pasar ratos agradables con alguien a quien quiero. En realidad el amor es más placentero que el odio: regala felicidad.
martes, 3 de abril de 2012
El tiempo dicen, lo cura todo.
¿Qué podría contarte ahora que todos nuestros años han pasado y no tenemos miradas por compartir? ¿Con qué juego entretenerte cuando sé que ya no crees en salir a buscar aventuras? Parece que se va acabando esta etapa, y ¿sabes algo? Estoy deseando irme de aquí, ya... al igual que tú soy consciente de que no es la solución, pero necesito conocer a personas que no sepan nada de mi historia. Quiero ahogarme en palabras nuevas y hundirme en cuerpos desconocidos. Alguna vez leí que los extraños nos ven como realmente somos, no como quieren creer que somos; creo que era Zafón el que lo escribía: y lo cierto es que me resulta una afirmación acertadísima. Si estás enamorado me verás encantadora vestida con un vestido y dulce sin maquillar, si el amor no ha sido tu aliado me odiarás por haber sido esquiva, si te sientes solo creerás que soy tu salvación, si te encuentras rodeado de amigos abogarás porque jamás fui tan especial. Seré en función de tus sentimientos y pasiones, y no trates de convencerme recurriendo a la objetividad; por mucho que nos esforcemos el ser humano es subjetivo por naturaleza. Me describirás juzgando mis actos, aun cuando no conozcas las causas de tales o cuales decisiones. Y yo haré lo mismo. Un desconocido me miraría y en función de sus gustos, y aunque duela reconocerlo, lo primero que diría de mí sería algo en relación con mi aspecto físico, tal vez luego al hablarme se formara una imagen positiva o negativa de mí. En el caso optimista de que fuera positiva, muy a lo mejor podríamos ir construyendo una amistad. Entonces yo tendría la suerte de sorprenderme de nuevo ante alguien, y él tendría la desdicha o fortuna de dejarse conmover por mis actos. Pero estoy hablando de futuros inciertos que van a tardar en llegar, y aunque desee irme en busca de recuerdos nuevos, los viejos no dejarán de formarme, de hacerme como soy. Pese a que me cueste admitirlo, las personas, en realidad, habitamos la memoria.
domingo, 1 de abril de 2012
Me los hizo Ronsard cuando yo era más bella.
Con la cara comida por arrugas, la piel llena de manchas, una marea blanca por cabello, la sonrisa torcida, los pendientes caídos, el cuello encogido, el pecho axfisiado, el lunar del ombligo borrado por el tiempo, la rosa marchita, las caderas sin forma, las rodillas marcadas por la flaqueza... Con los labios aun dispuestos para besar y un "te quiero" pronunciado en el último suspiro.
jueves, 29 de marzo de 2012
Para darle sentido a lo absurdo de la muerte.
Quiero que me ayudes a controlarme, que me indiques que camino seguir, que me expliques por qué mis decisiones son sabias o incorrectas. Ven para que pueda hablarte de mis planes futuros, para darme tu opinión sobre como enfocar esto o aquello. Ríñeme si mi comportamiento es impropio de ese alguien que quiero llegar a ser. Bríndame los medios necesarios para construirme una vida de la que sentirme orgullosa en mi último aliento. Coloca en mi camino hombres que me entiendan sin dejar de quererme y mujeres que aguanten los malos tragos a esos hombres debidos en forma de lágrimas. Hazme bailar frente a las desgracias y enmudecer frente a las alegrías. Enséñame a descubrir los misterios que encierran las pasiones humanas. Busca para mí un compañero de aventuras con el que ir al Fin del Mundo. Sé que existe ese lugar, no trates de convencerme de lo contrario. Mueve los hilos del teatro mundo para que mi marioneta se sitúe en un lugar que encaje con ella. Hazme buena, sensible, generosa, escritora...
Oh Lord, make me pure...but not yet.
martes, 27 de marzo de 2012
¡Oh ven, ven tú!
Aquella tarde la encontró más hermosa que nunca antes. Rodeada de gente que obstaculizaban sus deseos de correr a abrazarla sonreía sin alegría al cielo, como si esperara un milagro que jamás confesaría a nadie. Le brillaban los pómulos, se encontraba muy lejana. Sin embargo esa lejanía que los separaba trascendía la mera distancia y quizás pudiera catalogarse como una sensación de pánico al comprender que las noches jugando a capturar el brillo de las estrellas habían acabado para ellos. Quizás fuera esa distancia, esa frialdad que desprendió su mirada en el instante en el que se fijó en él, lo que acentuara su belleza en ese momento. Sus caderas seguían en su sitio, el pelo le caía de la misma forma recta e increíblemente ordenada tan propia de ella... La diferencia se encontraba en que no salían palabras alegres de su boca, ni quiera susurros o frases desesperadas. Comprendió por un instante a todos esos artistas que alabaron el amor platónico y fugaz, a esos eternos amantes que cantaron a la belleza inalcanzable de una mujer. Eran la dificultad y el deseo de poseer un cuerpo antes suyo y ahora de nadie las sensaciones que le hacían sentirse aturdido. Se trataba de sus labios sin movimiento, de sus pómulos coloreados por el calor, esos que ya no volvería a sostener entre sus manos tras un beso largo y algunas lágrimas. ''La dificultad siempre ha sido bella, lo imposible suscitará eterna atracción pese a que se sucedan las estirpes..., y es que supongo, además de otros muchos atributos, somos caprichosos , amamos lo veleidoso''. Se dijo desviando la mirada hacia ese cielo el cual, al fin y al cabo, era lo único que ambos compartían.
sábado, 24 de marzo de 2012
Más allá del mero entretenimiento.
Dudo si ellos experimentarán también este hastío cansado y rutinario que come de algunas de nosotras. Supongo que sí, ¿cómo no? Algún dandi debe quedar. Me lo imagino en un sillón remendado, leyendo mensajes de amor de mujeres a las que nunca quiso, desesperado, harto de salir a beber sin propósito por las discotecas de moda, exasperado con la incultura y la buena cara que a ella se le pone. En el piso de al lado quizás la misma escena y una protagonista diferente. Me la imagino a ella, pasando fotos en un ordenador polvoriento, preguntándose hasta que punto es capaz de querer y a quién podría querer, leyendo quizás a Clarín. Te cantaría la canción más desenamorada que lograra inventar si aún le quedara algo de voz. Te diría que todas las palabras de amor le suenan melosas y repetitivas, iguales y sin musicalidad; como si nada nuevo con respecto a estos temas pudiera surgir ya.
Me pregunto si nos alejamos tanto de las mujeres burguesas del XVIII y el XIX, que debían entregarse con fervor a la literatura para no morir aplastadas por el tedio. Por suerte nosotras tenemos más derechos de entrar y salir, más formas de entretener a nuestros sentidos. Sin embargo, esta ciudad no deja de recordarme a Vetusta, quizás porque el género humano por muy adelantado que se piense, nunca dejará aparcados sus prejuicios sensacionalistas. Tengo la impresión de que en este siglo XXI, en el que algunas se consideran absolutamente libres, capaces de hacer lo que deseen sin limitaciones impuestas por nada (ni por hombres), son muchas las Anas Ozores que vagan por calles vacías de emociones sedientas de ávidos y fugaces romances, de vivir acciones moralmente cuestionables o de huir a algún lugar en el que no sean más que un rostro entre un millón.
domingo, 18 de marzo de 2012
No estoy hecha para la soledad.
Si fuera posible agradecer a cada cual lo que se merece de una manera que fuera más allá de las palabras de siempre, os haría felices, o por lo menos haría todo lo que estuviera en mi mano. Si adivinase cómo hacer para incluiros a todos a la vez entre estas frases que estoy mezclando y me hacen dudar, dando algo más que nombres... Podría empezar por ti, por recopilar toda la paciencia y juntarla con la esperanza que has puesto en mí, podría colocarlas en algún lugar al que siempre pudieras acudir, para que te dieran respuestas cuando más las necesites, para que te hagan recordar mi cariño cuando yo no pueda estar cerca para guiarte. Seguiría con vosotras, grabaría nuestras conversaciones de cuartos de baño y los secretos clandestinos para verlos en una televisión muy moderna dentro de unos cuantos años. Después recogería éxitos para ella, para que se sintiera orgullosa de lo que ha impulsado sola, sin necesidad de otra figura para que siguiéramos adelante, para que fuésemos felices aún a costa suya. Continuaría yéndome a ver a otra personita por segunda vez hoy, para recuperar el tiempo perdido y explicarle lo frenético que sigue siendo todo, lo que me apetece una noche con ella y una tarde de campo. No solo a vosotros, iría abrazando a más de uno, de una, que merece algo más que unas palabras de cariño por mi parte. Cumpliría los sueños más extravagantes si tuviera una lámpara con un genio, unos padrinos mágicos, un hada madrina o un angelito de la guarda. Me gusta compartir la vida con vosotros. Soy una loquita con suerte, con más de la que merecería... y a día de hoy soy feliz. ¡Qué fácil si os tengo para recordarme que no estoy sola! Gracias por aguantar pese al tiempo y las decepciones, por no abandonarme, por decirme cuando más lo necesito, que me queréis. Haré lo propio, os quiero.
jueves, 15 de marzo de 2012
Life it’s what happens while you’re busy making your excuses
Aunque me esté mal decirlo, debo confesar que en ocasiones mi paciencia; que de por si no es excesiva; se agota. Me aburro de los mismos comentarios vacíos provenientes de mentes muy reducidas en capacidad, de los carnets del coche, de las series televisivas en boga, de voces que chirrían desafinadas para mis oídos. Me enfado con risas que se me antojan sucias y degradantes. He de admitir que la incompetencia me sobrepasa. Me sobrepasan las oportunidades incesantes hacia aquellos que no entienden el valor de la oportunidad en sí. La incultura y el desinterés generalizado hierven mis amabilidades y desencajan mis gestos. ¿Es posible vivir sin ser consciente del valor de las personas y del potencial que pueden desarrollar? ¿Se puede censurar algo desconociendo los argumentos de la postura opuesta? ¿Es que acaso una ideología sirve como colchón para defender la propia opinión en todos los aspectos? Sin embargo, no menos me atormentan los aventajados que descubren sus conocimientos con miradas despectivas. Es cierto que la falta de conocimientos es muy criticable, pero, ¿no lo es también el saber y regocijarse en la ignorancia ajena? ¿No reduce la inteligencia el desconfiar de todo aquello que no sea nosotros mismos?
Me aburro, me desespero, me enfado y si estoy sola también grito. Lo hago por que hoy es uno de esos días en los que mi humanidad; la poca o mucha que me quede; me pide enfrentarme a esta sociedad absurda que se auto-censura sin hacer nada por cambiarse primero. Necesito enfrentarme a aquellos que culpan de sus fracasos a profesores, enamorados, amigos o, si nos ponemos drásticos, al sistema. Me gustaría ensalzar el poder del esfuerzo ante ojos que no comprenden lo que es el sacrificio. Deseo explicarle a los intelectuales que en ocasiones un sentimiento explica más satisfactoriamente un hecho que cientos de volúmenes de física, pese a que lo hará de forma subjetiva, imprecisa e irracional.
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