Y no quedaban ya pasiones furibundas ni risas desbocadas. No me apetecería gritar hasta resucitar de placer, no queríamos traer de nuevo los besos voluptuosos ni las iras que acababan en lágrimas y uniones fugaces. ¿De verdad habrá más posibilidades de fundirse, de ser en otro? Nos permitíamos el escepticismo. No me quedaban palabras ni a ti ideas, no tenía más celos ni tú más fuerzas y 1999 se convirtió en otro año más que tachar en el calendario y 2012 en la fecha clave a la que no volver con la niebla de los recuerdos. El verano entre notas musicales resultó extinto, los excesos de suspiros y las lágrimas apretadas sobre la almohada de tu habitación se retorcieron sobre otros cuerpos. Hallé cadáveres de mariposas amarillas entre las páginas de Love is a dog from the Hell, revisé mis propios versos y mientras rasgaba lo poco que quedaba del talento primerizo me bajé del dragón en el que a menudo se subían nuestros proyectos.
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