Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

domingo, 27 de abril de 2014

¿Todas las promesas de mi amor? Sin palabras (sin ecos).

  Y no quedaban ya pasiones furibundas ni risas desbocadas. No me apetecería gritar hasta resucitar de placer, no queríamos traer de nuevo los besos voluptuosos ni las iras que acababan en lágrimas y uniones fugaces. ¿De verdad habrá más posibilidades de fundirse, de ser en otro? Nos permitíamos el escepticismo. No me quedaban palabras ni a ti ideas, no tenía más celos ni tú más fuerzas y 1999 se convirtió en otro año más que tachar en el calendario y 2012 en la fecha clave a la que no volver con la niebla de los recuerdos. El verano entre notas musicales resultó extinto, los excesos de suspiros y las lágrimas apretadas sobre la almohada de tu habitación se retorcieron sobre otros cuerpos. Hallé cadáveres de mariposas amarillas entre las páginas de Love is a dog from the Hell, revisé mis propios versos y mientras rasgaba lo poco que quedaba del talento primerizo me bajé del dragón en el que a menudo se subían nuestros proyectos.


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