Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

miércoles, 9 de abril de 2014

Como lágrimas soleadas.

Prometo inseguramente:
el próximo terremoto extra-
matrimonial no lo provocaré a un fanático del oscurantismo lírico. 

Juro insolentemente:
las muecas de alegría veladas
no son asunto vuestro sino mío;
y de mi nostalgia favorita

Prometo certeramente:
me arriesgo a recuperar mi hilo, 
el telar homérico, mi necrópolis viviente
llena de mañanas esquizofrénicas.

Afirmo sin adverbios: 
estas no son las campanadas atolondradas
finales de la creatividad. 

Porque este no es el último asunto incomprendido e incomprensible que atañe a la histeria primaveral.

No hay comentarios:

Publicar un comentario