Se me nota en los genes la risa sarcástica,
adivinas que la pasión literaria y la
humanística y la artística son
cómo no, herencia biológica.
Se me nota en los genes que soy iracunda,
de mal perder y caprichosa, que vacilo
en eso de distinguir el bien
del mal, que adoraría ser pintora,
que dudo si son tan falsas las mentiras
y tan absolutas las verdades, se me nota
en los genes, claro, que tengo caderas anchas
para bailar hasta que la noche me consuma.
Distingues que la ebriedad y el humo
no es otra cosa que licencia genética,
que la facilidad númerica y sintáctica estaban
en algún recesivo escondido en mi ADN.
Se me nota en los genes que debería
ser comedida y empática, se me nota en
tus malditos y asquerosos genes. Sin embargo,
se me entreve también que puedo ser dulce,
que odio las hipocresías de alcoba y se me nota
en los genes, en los más preciados, que a veces,
sé querer y que lo que escribo no es para ti, sino
para los genes beis que me dieron el color.
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