El humo que se escapa por la ventana con la levedad inmortal que te caracteriza y a veces, pienso en tu color mientras la juventud se me escapa entre inspiraciones de otros. Pensaría que la madurez me desagrada si me viera años atrás y me mentiría en los segundos que van huyendo por la piedra neoclásica de este lugar. Mis costillas ya no saben a catedrales sino a cárceles imaginarias. Mi sonrisa no vibra pero la mirada se ha vuelto serena. El corazón sigue latiendo furioso y alegre. Cenizas y poca conciencia, libros y mucha esperanza.
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