Aquella tarde transcurrió con la misma monotonía azul gastada en la que la casa se bañaba por costumbre cada domingo. Bailando por su suelo se distinguían pasos diferentes de varias generaciones, unos saltarines, otros con tres ,o cuatro pies (quién podría precisar...), algunos arrastraban, los había que clavaban a un ritmo muy femenino tacones delgados, los suyos andaban tranquilos, a algunas horas más alegres que a otras, (qué le iba a hacer si el ánimo no era siempre el mismo) . El viejo miraba el televisor sin entender sílaba,aguardando impaciente la hora del parte meteorológico, Gabriel pensaba que era irónico que prestara tanta atención a esos minutos televisivos, el viejo a penas salía más allá del patio una vez habitado por gallinas. Aunque nunca lo dijo el viejo echaba de menos a esos animalillos que una vez llenaron de sonidos dispares el antiguo corral. Gabriel tenía un vago recuerdo de ellos, había algunos pollos y un par de mulas que solían acompañar al desdichado hombre al campo cada amanecer. Gabriel jamás había visto al viejo labrar la tierra, ni llenar sacos de cereales, ni cargarlos a los burros, sin embago podía imaginarlo con tal nitidez que tuvo que ahogar unas inesperadas ganas de llorar. Pensó en la vida solitaria de los dos ancianos los días en los que ni él ni sus dos hermanas llenaban la casa de excentricidades modernas. La vieja era algo más activa, fregaba platos, lavaba y tendía la ropa y hacia esfuerzos cada vez mas escasos por preparar la comida
El joven pensó que la vida los había castigado de manera muy cruel, no solo los había obligado a envejecer, sino que además los había condenado a una vejez sin aficiones ni intereses. En otros años la vieja pasaba los días rezando, acudiéndo los domingos a misa, y de vez en cuando yendo a algún entierro o bautizo. No obstante en esos días había perdido toda fe, ella nunca mostró tal síntoma de debilidad, seguía disponiendo que alguno de sus nietos habría de ser cura, y que estaba deseosa de ver tomar la comunión a la pequeña y pispireta Lolita; pero no engañaba a nadie. Todos habían notado que ya no se esforzaba en mandar a los nietos a la iglesia y aún menos a recitar una oración. Gabriel era para la vieja un caso perdido, de pequeño había tratado de educarlo como a un muchacho exitoso del siglo XX, pobre vieja, pensaba Gabriel, olvidó que el siglo que corría por el mundo era el XXI...
El joven pensó que la vida los había castigado de manera muy cruel, no solo los había obligado a envejecer, sino que además los había condenado a una vejez sin aficiones ni intereses. En otros años la vieja pasaba los días rezando, acudiéndo los domingos a misa, y de vez en cuando yendo a algún entierro o bautizo. No obstante en esos días había perdido toda fe, ella nunca mostró tal síntoma de debilidad, seguía disponiendo que alguno de sus nietos habría de ser cura, y que estaba deseosa de ver tomar la comunión a la pequeña y pispireta Lolita; pero no engañaba a nadie. Todos habían notado que ya no se esforzaba en mandar a los nietos a la iglesia y aún menos a recitar una oración. Gabriel era para la vieja un caso perdido, de pequeño había tratado de educarlo como a un muchacho exitoso del siglo XX, pobre vieja, pensaba Gabriel, olvidó que el siglo que corría por el mundo era el XXI...
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