Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

martes, 4 de octubre de 2011

Prescindo de título... :D

Me encuentro moviendo las caderas como si fuera la campeona mundial de mambo. ¿Qué magia encierra en si misma la música que con la combinación de unas cuantas notas es capaz de provocar sensaciones opuestas, lágrimas y cascadas de carcajadas? Uno de los mejores momentos de la semana para mí es ese en el que juego con mis pies y la cintura sube y baja a un ritmo que nunca consigo coger del todo. Me sirve cualquier tipo: una obra maestra como el Vals de las Hadas de Tchaikovsky, una cancioncilla agradable de Russian Red, o simplemente un remix, considerablemente cateto y poco artístico que sonríe a la vez que mis torpes pasos de baile. Me desquito de la necesidad de pelear contra las dificultades, frente a estas melodías huyen sin que nadie las eche de menos... Carmen baila divertida, olvida las guerras médicas, los estilóbatos, el Cantar de los Cantares e incluso que día es hoy. ¡Qué suerte que todavía sean las seis menos veinte! Unas cuantas horas de claridad se ciernen sobre la alegría ahora encontrada, maravilloso... Dejaré de escribir tonterías, es mas interesante seguir con las canciones y los pasos inventados...

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