Si quieres llorar a medida que creces y los años avanzan imprecisos, con la dureza clásica que caracteriza al tiempo, hazlo delante de una almohada y peluches que con los lustros pierden color mientras ganan experiencia en materias de sentimentalismo. Acaricia tu propio pelo y envuélvete en el abrazo de un cuerpo que no sea otro que el tuyo. Solloza por los amigos que perdiste ante juguetes muertos y agenos a la realidad, lamenta tu incomprensión familiar recostando la cabeza en la mantita que te vió crecer y trágate las lágrimas al amor debidas, nadie va a beberlas, las de los amantes no. Recapacita tus culpas,no son pocas y mañana al despertar actúa como si los llantos hubieran sido parte de un sueño olvidado. La noche llegará otra vez, y con ella los lamentos que en otras épocas se te permitío expresar. Siendo niña hacías pucheros a mami, relatabas tus banalidades y con un sencillo "confianza" parecía que el puzzle volvía a colocarse. Mas tarde tus amigas eran el muro de las lamentaciones mas cercano a tus incosciencias, compartían preocupaciones y reían tras dos sollozos. El enamorado te dijo "se tu misma ante mí" y lo tamaste demasiado en serio, cuando lo que quería expresar era "no me decepciones"... Se cansaron de escuchar tus lamentos, sencillamente porque fueron demasiados, ahora a nadie le importa que tu alma se escape cada madrugada, eres hipócrita, dramática, al principio de cada día sonríe, compórtate, se educada y estudia algo que lleve explícito las matemáticas. Si no lo haces estás perdida. La soledad y la nostalgia, se guardan para después de cenar.
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