La ciudad estaba nevada, salían de los balcones palabras incrédulas que aullaban de júbilo al ver el manto de plumas blancas y heladas que cubría las aceras sin olvidarse de chocar antes contra sus cabezas desorientadas. "¡Pero si es primavera!" comentó conteniendo torpemente la ilusión algún chiquillo, o quizás fuera un anciano, es complicado precisar, no se diferenciaban sus voces entre el vals alegre de notas flotando en el aire que eran aquellas personas en ese momento. "¡Hacía cien años que no nevaba, cien!" chilló alguna mujercita, "¿Eso es un siglo mami?" "Si cariño, ¿ves lo fría que está hijo?" "Uiiiii" río el aspirante a aprendiz "Me encanta mami" "¡Nieve, estamos duchándonos con nieve!" comentaba una joven mientras lanzaba bolas de hielo al cielo. Un chico daba vueltas con los brazos extendidos, a su lado alguien cantaba una indescifrable melodía. Los hogares se habían quedado sin vida, porque toda ella estaba revosando por las diferentes calles y avenidas de la ya nombrada ciudad. "Es nuestro milagro" decía una anciana cuyas piernas reposaban en la cama de un hospital, "Cuando nací, nevó aquí, mis padres me lo contaron muchas veces como anécdota insólita, han pasado cien años desde ese día... " "¿Le entristece eso señora?" inquirió una curiosa cualquiera. "No querida, me alegra mucho, los copos presagian algo... el próximo siglo estará lleno de maravillas, mi siglo lo estuvo, confío en que los bebés que estén asómandose por primera vez al mundo en este mismo hospital vivan una vida tan maravillosa como lo fue la mía, tengo la certeza de que lo harán. ¿Sabe usted que es lo que más me gusta de esta nieve?" "Cuénteme" "Ver al sol reflejarse en ella, fundiéndola para dejar ver las flores..."

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