¿Lo había echado de menos? Aspiro unos instantes la situación y comenzó a sentir su propia canícula interior asfixiándole el sentido común, miro los detalles, olió su perfume natural y escuchó con cuidado lo que decían las curvas que alguna vez habían sido para él, al moverse alegremente con cada paso. Un gesto solo suyo. Es increíble la naturalidad con la que la vida hace y deshace acontecimientos, sulfura enfados o mezcla pasiones, terminando al final por ordenar el caos. Una sonrisa. Hay momentos en los que pensamos que podemos organizar nuestro futuro, creemos que con esfuerzo, con trabajo y demás valores que trataron, sin éxito en mi caso, de enseñarnos los adultos, lograremos tener una estabilidad absurda a los sentimientos de un romántico y a la cordura de un realista. Unas palabras de cariño. Somos tan absurdos sin quererlo, nos encontramos indefensos ante la casualidad, la serialidad o cualquier imprevisto que salte la valla que hace un tiempo construimos. Sin notarlo, llega una emoción desbocada, una persona que nos hace quererla con sus manías, una frase que hace que derrumbemos cualquier muro que hubiéramos hecho rodear nuestra intimidad, aterriza en nuestra locura escondida un alma que emana delirios nunca escuchados. Un beso deseado. Un escalofrío de felicidad recorrió sus nervios, abrazó muy fuerte su cintura de mujercita. Maldito amor, empeñado desde el principio de nuestra humanidad en hacernos débiles, en empujarnos hacia las estupideces mas tiernas para lograr un minuto de atención, malditas ellas... Una instante, dos secretos, un poema, una canción, esta vez esperanzada.

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