Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

lunes, 11 de julio de 2011

Pongamos que hablo de Madrid.

Íbamos paseando, ella con mas de media vida a la espalda y yo con millones de preguntas que necesitaban ser liberadas esa tarde. Mirábamos cada pequeño detalle, en especial mi incansable curiosidad que se detenía inquieta ante cualquier pequeño misterio , no obstante si algo se escapaba a mi agudeza ella me lo señalaba, hablaba un rato sobre cada lugar por el que pasábamos; yo imaginaba una vida sobre esas calles, ella disfrutaba narrando como era gastar los días sobre el asfalto de la capital. Entonces al salir de una de las miles de tiendas de todo y a veces de demasiado poco, me enamoré, explico, pues parece que exagero... Hay amor de muchos tipos, el que yo sentí al ver las siluetas bañadas en los últimos rayos de sol caminando por Sol, fue de admiración, de deseo de volver veinticuatro horas después para ver de nuevo la escena, de fotografiarla con una cámara que no tenía, quise grabar el cuadro que se pintaba en mi subconsciente para siempre. Hay imágenes que encierran en si mismas todos los secretos de un determinado lugar, las escenas dicen mas que cualquier descripción, y mis palabras ni siquiera rozan la belleza de la situación. Era una luz maravillosa, mágica, y poco después apareciste tú, Moon, de entre todos esos edificios antiguos, tímida, serena, fuiste la guinda al pastel que había sido mi jornada, sonreí, simpaticé aún mas con ese bullicio urbano, y me llené después de algunas semanas de auténtica felicidad momentánea... Chapeau!

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