Héroes me parecen aquellos que siguen luchando porque no les falte leche a sus hijos, una vivienda a sus padres, los que luchan, en fin, por la poca dignidad que le queda a este país roto y maniqueísta.
La poca dignidad que le queda digo, a la imagen española internacional, a "la marca España", a las políticas machistas y a la Iglesia rancia. A algunos de sus habitantes les queda mucha, aunque no vistan cinturones con la bandera española ni ganen 3000(0) euros al mes.
A muchos ciudadanos les queda consciencia y sentido común, sentido crítico frente a ideas impuestas desde la cuna. Y eso, me parece más valiente, más admirable, que ir a una manifestación completamente escudado y protegido -a cuenta del estado- a propinar golpes a personas humildes y pacíficas con la excusa de que en otro punto, unos salvajes han atacado a la policía.
Sin embargo, y como anotación, me pregunto ¿qué es más violento darle con unos palos a un furgón policial o desalojar a un anciano que no puede moverse? ¿Insultar a un policía o a una política o morir porque no te puedes costear un tratamiento médico? ¿Qué es más violento: una piedra en el escaparate de un banco o tratar de someter bajo el yugo de la incultura a una generación?
Basta ya de tanta hipocresía patriota, veo mucha defensa a este cuerpo y muy poca a otros tantos trabajadores honrados y profesionales oprimidos por el estado. No nos quejemos ahora con la excusa de unos pocos extremistas violentos, del peligro y el salvajismo español. Si condenan la violencia, condenen toda, la de los extremistas radicales que agredieron a agentes, pero también la de los policías que pegaron a un anciano, la de aquellos otros que dejaron ciega a una mujer y la de los de más allá que golpearon a menores.
Ya dice el refrán popular, no hay peor ciego que el que no quiere ver.