Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

miércoles, 26 de marzo de 2014

"Ciegos que viendo, no ven".

 Héroes me parecen aquellos que siguen luchando porque no les falte leche a sus hijos, una vivienda a sus padres, los que luchan, en fin, por la poca dignidad que le queda a este país roto y maniqueísta. 
 La poca dignidad que le queda digo, a la imagen española internacional, a "la marca España", a las políticas machistas y a la Iglesia rancia. A algunos de sus habitantes les queda mucha, aunque no vistan cinturones con la bandera española ni ganen 3000(0) euros al mes. 
 A muchos ciudadanos les queda consciencia y sentido común, sentido crítico frente a ideas impuestas desde la cuna. Y eso, me parece más valiente, más admirable, que ir a una manifestación completamente escudado y protegido -a cuenta del estado- a propinar golpes a personas humildes y pacíficas con la excusa de que en otro punto, unos salvajes han atacado a la policía. 
 Sin embargo, y como anotación, me pregunto ¿qué es más violento darle con unos palos a un furgón policial o desalojar a un anciano que no puede moverse? ¿Insultar a un policía o a una política o morir porque no te puedes costear un tratamiento médico? ¿Qué es más violento: una piedra en el escaparate de un banco o tratar de someter bajo el yugo de la incultura a una generación?
 Basta ya de tanta hipocresía patriota, veo mucha defensa a este cuerpo y muy poca a otros tantos trabajadores honrados y profesionales oprimidos por el estado. No nos quejemos ahora con la excusa de unos pocos extremistas violentos, del peligro y el salvajismo español.  Si condenan la violencia, condenen toda, la de los extremistas radicales que agredieron a agentes, pero también la de los policías que pegaron a un anciano, la de aquellos otros que dejaron ciega a una mujer y la de los de más allá que golpearon a menores. 
 Ya dice el refrán popular, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

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