Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Y OLÉ.


 Si hay algo característico en esta personalidad tragicómica nuestra es la tozudez. Nadie nos hace cambiar de opinión, ni con argumentos sólidos, ni con experiencias personales ni aunque nos trajeran al mayor erudito en la materia a discutir. Ya dijo Calderón, "A quién razón no vale, ¿qué vale tener razón?". Una lástima para este país que sus habitantes no hayan evolucionado ni un poquito desde el siglo XVII. Una pena que la obra de arte que mejor nos defina, siga siendo, cómo no, Lucha a Garrotazos. 
 Quizás, el problema de la incomprensión y la ignorancia a todo aquello que se sale de nuestra realidad sea la falta de empatía. "El español es solidario y generoso, es amigable, dicharachero..." dicen algunos para autocomplacerse de su bondad. Y si bien es cierto que esas cualidades se extienden entre gran parte de los ciudadanos, no es menos cierto que se limitan a ponerlas en práctica únicamente entre su círculo, entre sus amigos, entre la familia, entre, en definitiva, los iguales a ellos. 
 El español es impasible ante opiniones ajenas, pero esto no es lo peor. Lo peor es esa manía de tratar de expandir sus ideas (pensadas o no, documentadas o no, defendibles o no) al resto de población, como si nadie más que él y los de su ideología tuvieran el derecho a opinar.
 Esta pequeña digresión se me ocurría al leer la carta de cierto padre a uno de esos periódicos de la más extrema derecha. En ella, el señor defendía con su propio caso, el no aborto en casos de malformación grave. Supongo que para los provida, esta manifestación del señor es la solidez que necesitaban. Sin embargo, el hombre era abogado, de lo que deduzco que su posición económica es holgada, es decir, no tendrá mayor problema que el soltar unos cuantos cientos de euros a clínicas especializadas, a empresas especializadas también en materiales que faciliten la vida de su hija. Con todos mis respeto al señor, pues verdaderamente me parece admirable su entereza, ¿pensó alguna vez en padres que tal vez no tengan trabajo, ni casas acomodadas, ni dinero para rehabilitaciones? ¿o tal vez en padres divorciados, en madres solteras que quién sabe quizás sean inmigrantes, o quizás no, o quizás sean jóvenes, menores...? En fin, ¿pensó en otro caso que no sea el suyo propio?
 No, supongo que no. No es ese el espíritu español. El español tatúa su pensamiento en los demás y pretende que todos vivan su misma situación. Porque somos así, porque viva España, la cerveza, los toros y el fútbol. Y a quien no le guste, lo tachamos de raro, de antipatriota, de "resentido". El español prototípico no cambia, es perenne, es el de Quevedo y el de Larra, el de Baroja y Unamuno. El de Machado, ese que hace honor a aquello de "En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa".

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